Los fachas

Sostengo desde hace un año que de tanto invocar a los fachas los vamos a acabar encontrando.

Hemos creído ver legiones de fachas saboteando la manifestación catalanista -hasta la UGT se ha dado cuenta de que era eso- del 9 d'octubre del año pasado, aunque en realidad eran sólo unas decenas de exaltados. No trato de restarle importancia al reprobable hecho, sino de enmarcarlo en sus justos términos.

También se nos alertó sobre el peligro fascista en el conjunto de España que había que conjurar de manera definitiva removiendo el cadáver de Franco. Desde entonces va más gente a verlo y hay más vídeos de Paracuellos en wathsapp y búsquedas en Google de personas que ni siquiera tenían claro qué pasó en la Guerra y quién fue el dictador. Y en Internet ya se sabe que encuentras de todo, en contra y a favor.

Decían los sabihondos del lugar que Mariano Rajoy era la mayor fábrica de independentistas de este país. Pues yo creo que Pedro Sánchez se está convirtiendo en la mayor fábrica de españolistas de España. Españolistas que no tenían muy claro a quién votar a la próxima, y que ahora tienen la bola extra de Vox. Y también creo que Quim Torra, con sus CDR, va camino de ser el mayor fabricante de fachas del mundo. O se toman medidas o es cuestión de tiempo (poco) que se crucen los garrotes.

Desde la eclosión de Vox de la mano de Susana Díaz hemos vuelto a buscar fascistas como si no hubiera un mañana y como si esto fuera Alemania, Francia o Grecia. Baldoví en La Sexta identificaba lo uno y lo otro, Vox y neofascismo, Vox y nada menos que neonazismo.

 Y luego la misma cadena iba a identificar votantes de Vox a Marinaleda. Están haciendo con Vox lo mismo que con Podemos (engordarlo), pero al revés (con denuestos). Unan esas campañas a las de los interesados en redes, con un joven Abascal resistiendo al acoso abertzale en Llodio, y tendrán un héroe. O un antihéroe, que al final es lo mismo.

Curiosamente, cuando a Mónica Oltra le preguntaba El País si “¿tiene miedo de Vox?”, la vicepresidenta contestaba con un párrafo que concluía con la frase “¿cómo vamos a tener miedo a la democracia?”.

 Pues bien, si hacemos que los fascistas pierdan el miedo a ser fascistas su número crecerá y tendremos un problema. Y si convertimos en fascistas a quienes aún no han dado señales de serlo -por mucho que no nos gusten algunas de sus ideas- tendremos otro problema. Y al final todo será uno, no sé si libre, pero desde luego más grande.

 

 

 

 

 

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