16 de septiembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Perdón por ser del Madrid

Nos enseñan a odiar desde muy pequeñitos. ¿Es culpa nuestra? Nosotros nos hemos dedicado a hacer lo de siempre: jugar para ganar, aplastar al que sea para alzarnos con el título.

Cuando era pequeño, allá por los principios de los años 90, cuando todavía en el colegio jugábamos a pedirnos ser Butragueño, Michel o, un pelín más tarde, Raúl, no percibía yo este odio ahora generalizado al Real Madrid. No sé si sería porque era muy ingenuo, porque los mass media se reducían al Marca, el As y a los informativos de Telemadrid o porque realmente no se odiaba al Real Madrid.

El siglo XXI lo ha magnificado todo: lo bueno y lo malo. Lo bueno ahora parece que es lo mejor de la historia y lo malo bien podría hacer parecer Bambi al mismísimo Adolf Hitler. Lo que también ha ido increscendo ha sido el odio y sus escuelas. Nos enseñan a odiar desde muy pequeñitos. No en los colegios, por supuesto (o eso espero y deseo), pero sí desde la prensa y desde nuestras familias. O eres del Madrid u odias al Madrid. Ya no existe (o existe de una manera muy residual) eso de ser del equipo de tu zona y, luego, del Madrid. Nos hemos ido granjeando odios por toda España.

¿Es culpa nuestra? Pues mira, no lo creo. Nosotros nos hemos dedicado a hacer lo de siempre: jugar para ganar, aplastar al que sea para alzarnos con el título. A veces con éxito y otras, la mayoría en realidad, no tanto. Entendemos a la perfección, y así lo valoramos y exigimos, que el deporte no está concebido como el arte, que tiene como objetivo dejar una huella material que se admire con el paso del tiempo. Vivimos la inmediatez como nadie. Somos puro mindfullness. Queremos ganar ahora, no mañana ni pasado ni al otro. Ahora. ¿Es malo eso o es que acaso vosotros no lo deseáis también? ¿Es envidia o es odio?

Que el Madrid os genere odio me resulta una excusa barata, porque lo que me parece es que el que odia es que viene ya odiando desde casa, a lo que sea, y solo necesita una chispita para saltar. Es una mentalidad de cromañón muy extendida en nuestro país, como el que acosa a una chica porque, claro, va provocando con esa faldita. Mira, no, tú eres un burro y ya vienes acosando desde el portal.

Aunque no lo parezca, el siglo XXI lo que sí ha traído es más igualdad en el deporte. De los 90 hacia el pasado era casi imposible ganar al Real Madrid en sus dos disciplinas. ¿Por qué es más odiado ahora entonces si es más fácil meterle mano? Pues influye que los equipos, por evolución del ser humano y por profesionalización del entorno deportivo, se han acercado bastante a la cumbre y ahora pueden incluso competir de tú a tú. Esto es sano y bonito. El problema es que el que lucha por los títulos al final sale trasquilado. Por eso el Depor, el Valencia, el Sevilla o tantos otros en fútbol, y el Baskonia, el Unicaja o incluso el Murcia en baloncesto, que en algún momento se han jugado las castañas con el Real Madrid, se han terminado quemando. Y ya no nos ajuntan. Como cuando eres pequeño y quieres que te dejen jugar con los mayores en el recreo y, al final, cuando por fin te hacen un hueco, te pegan tal somanta de palos que no te queda más remedio que volver a casa con el rabo entre las piernas y las lágrimas en las mejillas buscando el cariño de tu familia.

Yo cuando veo Breaking Bad quiero ser Walter White, cuando veo Narcos quiero ser Pablo Escobar, cuando veo el Padrino quiero ser Vito Corleone y cuando veo fútbol o baloncesto quiero ser el puto Real Madrid. Cada uno elige con lo que se divierte, porque esto, aunque os cueste entenderlo, es un espectáculo, un entretenimiento, no es la vida. Y si lo fuera, como solo tengo una, no quiero malgastarla pegándome de cabezazos contra un muro. Prefiero ser el muro.

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