15 de noviembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El Open Arms, Calvo y las “batallas” de Sánchez

Aunque Sánchez se comporta como si tuviera mayoría absoluta y los demás le adeudaran apoyo gratuito, su pírrica victoria el 28A le retrata y calienta el adelanto electoral.

 

 

Viendo la “forzosa” comparecencia de Carmen Calvo en el jueves de canícula de este agónico agosto, muchos españoles habrán sacado algunas conclusiones fácilmente compartibles: que en materia de inmigración, solamente los socialistas parecen tener el alma del “buen samaritano”; que el oportunismo y la obsesión de Pedro Sánchez por el cortoplacismo mediático son inagotables; y que “su” PSOE sigue aferrado a los principios del mejor marxismo, pero no el de Karl, sino el de Groucho, aquel inimitable “si no le gustan mis principios, tengo otros”. Incoherencia sobre otras incoherencias.

Vista la escenificación en el Congreso, reabierto para la ocasión con sus mejores galas, queda claro que si Sánchez quería acaparar el foco televisivo que le brindaba la empatía que suscitaron los náufragos vetados por Matteo Salvini, bien hubiera estado que accediera él a la tribuna de oradores para explicar las contradicciones entre lo que su Gobierno hizo con el Aquarius hace un año y lo que no ha hecho ahora con el Open Arms.

El "plató" de Sánchez

Y si quería aprovechar el incomparable plató instalado en el Palacio de la Carrera de San Jerónimo para su “escaramuza final” contra Pablo Iglesias, los españoles a buen seguro le hubieran agradecido que el envite lo hubiera lanzado desde lo más alto del hemiciclo, y no en ese enésimo “canutazo” improvisado en un pasillo, negando al líder de Podemos la posibilidad de réplica.

Cualquier cosa en función de un único argumento: la conveniencia electoralista del jefe de Ferraz

De este modo, habría parecido que al secretario general del PSOE el drama de los inmigrantes varados en el Mediterráneo le ocupó de verdad durante sus vacaciones en Doñana, y se justificarían las lecciones que ha pretendido dar Carmen Calvo al resto de formaciones políticas. Los socialistas parecen creer que solo ellos tienen sentimientos nobles.

En fin, como es marca de la casa en su mandato, Sánchez ha “estado sin estar”, no solo en la crisis del Open Arms sino también en este debate parlamentario forzado por la oposición y por Pablo Iglesias para recordarle que, pese a la propaganda y la publicidad, a las fotos incluso bochornosas, su pírrica victoria el 28-A le obliga a bajar a la tierra, ponerse el mono de trabajo y, de una vez, hacer política para gobernar y no para endosar a los demás una responsabilidad que es únicamente suya.

 

Porque con el Open Arms (coartada utilizada por el PSOE y sus socios para oficializar que Sánchez, por fin, está de vuelta), el presidente en funciones ha actuado según el 'marxismo' anteriormente citado, esos principios de quita y pon largamente acreditados por él y por su alter ego Calvo.

Lo mismo vale para la inmigración que para Cataluña, la reforma laboral o el impuesto a la banca. Ayer sí, hoy no. Cualquier cosa en función de un único argumento: la conveniencia electoralista del jefe de Ferraz.

Rotos y descosidos

“No estamos hablando de inmigración, sino de una situación límite, y España tiene que responder como un país responsable. Es una obligación y una perfecta imagen de lo que un país tiene que hacer”, presumió Carmen Calvo horas antes de recibir en Valencia a los inmigrantes del Aquarius en aquella decisión que a Pedro Sánchez tanto reconfortó. Ayer defendió lo contrario. Sin inmutarse.

Desgraciadamente, los seres humanos errantes del Open Arms han sido en el Congreso de los Diputados apenas un ingrediente más de las “batallas” tácticas contra todos los demás partidos que tanto estimulan al presidente en funciones. A Sánchez y sus más próximos, la razón de Estado le sirve siempre para recordar que nunca falta un roto para un descosido. Por dolorosos  y dramáticos sean los rotos y los descosidos.

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