08 de julio de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Las 48 horas en que Alfonso Alonso cavó su propia tumba ante Pablo Casado

Egea y Alonso, entre Pablo Casado

Egea y Alonso, entre Pablo Casado

De candidato confirmado a lendakari a destitución fulminante. ¿Qué pasó en apenas dos días para que la historia diera un giro tan brusco? Ésta es la secuencia de 48 horas frenéticas.

El pasado viernes, Alfonso Alonso se negó a acudir a la reunión en Génova donde se iba a tratar el acuerdo entre el PP y Ciudadanos para el País Vasco que, en lo sustantivo, coincidía con el que él mismo había defendido: todos los números 1 de cada provincia para el PP, y el dos para los naranjas en dos provincias y el tres en otra.

Además, la marca electoral no iba a seguir los pasos de Navarra y mantendría la referencia al PP: PP+Cs, era el logo elegido. Y pese a ello, el viejo colaborador de Soraya Sáenz de Santamaría, se negó a acudir a la llamada. No fue su único desdén. Hubo otro, más sonado, que hasta ahora no ha trascendido.

Ocurrió ya en fin de semana, cuando el secretario general del PP, Teo García Egea, le llamó para intercambiar impresiones y comprobar si había consenso o si, como parecía, los puentes entre Madrid y el País Vasco estaban muy resquebrajados.

Alonso cruzó todas las líneas rojas con una escena desconocida: colgó el teléfono bruscamente a Teo García Egea

Rápidamente Egea comprobó, de una manera muy elocuente, que la dinamita había estallado: el aparentemente calmado Alonso, nieto del presidente de la Diputación de Álava en tiempos de Franco y licenciado en Filología Románica y Derecho, tuvo una reacción intempestiva: le colgó el teléfono al número dos de su partido, dejándole con la palabra literalmente en la boca.

Es el fragmento más llamativo de la reconstrucción que ESdiario ha hecho de las 48 que acabaron con la vida política del exalcalde de Vitoria, el hombre que sonó para todo con Soraya Sáenz de Santamaría y que llegó con tanto pesar como ahora paradójicamente se marcha a la presidencia del PP vasco.

Una apuesta sincera

En Génova no daban crédito. La apuesta por Alonso como candidato, tras varios titubeos, era sincera por parte de Pablo Casado. No lo había mejor y, aunque en el PP se daba por descontado un mal resultado el próximo 5 de abril, se aplicaban las luces largas: para qué andar con polémicas internas cuando el reto no era para ya ni exclusivo del País Vasco. La carrera es de fondo, para las próximas Generales, y aún quedan al menos tres años para eso, se decían en las plantas nobles de Génova.

 

"Por eso Casado le apoyó sin medias tintas ni disimulos, con toda su sinceridad", explican fuentes del entorno del presidente a ESdiario, conscientes de que el resquemor de Alonso es antiguo y obedece a una indigestión que aún sienten algunos miembros significados del PP: "Todos los que aún se preguntan cómo ganó a Soraya", explica otro buen conocedor del ecosistema popular.

El pacto entre Casado y Arrimadas fue el detonante de todo, aunque la letra y el espíritu eran casi idénticos al que el propio Alonso defendía. Pero le sentó mal que se presentara o se conociera sin su participación directa, unas horas antes de la reunión convocada en Génova para informarle "y estudiar cómo incorporar sus matices", insisten fuentes populares.

La mecánica del pacto desde Madrid no fue muy distinta a las de otros acuerdos de enorme relevancia: desde Andalucía hasta Murcia, pasando por la propia Madrid o Castilla y León, se siguió el mismo modus operandi exitoso a efectos, al menos, de desbloquear Gobiernos autonómicos clave.

Igual que en otras regiones

"No se hizo nada distinto en el País Vasco", insisten. Pero a Alonso le debió parecer un desprecio y mantuvo su distancia hasta el domingo por la mañana, el segundo momento clave del calvario que él mismo se montó. Antes de la hora del vermú, acudió a Génova para verse con, entre otros, Teo García Egea, al que había colgado el teléfono con cajas destempladas unas horas antes.

Pero la tensión no se redujo. Al contrario, según confirman a ESdiario fuentes conocedoras de la escena, Alonso siguió igual de agitado y no atendió explicaciones. Nada le parecía bien y su desafío se mantuvo, aunque nadie sabe del todo por qué. "El acuerdo es prácticamente el que él quería", insisten.

Ahí escribió su epitafio. Ya no era una cuestión electoral. Se trataba de un pulso en toda regla, con modos alejados de la corrección habitual en Alonso, conocido en público por sus ademanes moderados. La sentencia parecía escrita y el propio Pablo Casado la trasladó en persona con otra llamada, ya el domingo por la tarde. No fue un intercambio de pareceres, sino la comunicación de una decisión firme: Alonso no sería candidato.

Alonso, el gran colaborador de Soraya, nunca aceptó del todo que Pablo Casado la venciera y se hiciera con la presidencia

Pero ahí hubo un último desafío: la intención de Génova era trasladar la medida como un acuerdo entre partes y, aun consciente de su difícil venta, intentar que la sangre no llegara al río. A Alonso se le habían ofrecido puestos en Madrid, y la oferta seguía siendo posible.

No hubo manera. El ya excandidato a lendakari decidió anunciar en Twitter su marcha, dejando claro que no era decisión suya e intentando sugerir que, de algún modo, el PP vasco y el PP no eran exactamente lo mismo. Y él pertenecía al primero. Fue su último desdén directo a Casado, a quien nunca aceptó como jefe. El resto es historia, con un nombre propio: el de Carlos Iturgaiz, el primer nombre que salió, aunque María San Gil e incluso Jaime Mayor Oreja pudieron dar sus opiniones al respecto.

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