20 de julio de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Carmena reconoce su ineficacia sectaria al presentarse ahora sin Podemos

La alcaldesa en vigor quiere desprenderse de sus propios concejales y de la tutela de Podemos, lo que equivale a confesar que eran oportunas todas las críticas a su sectario Gobierno.

 

 

La decisión de Manuela Carmena de repetir como candidata a la alcaldía de Madrid es, en primer lugar, una confesión de culpa por la fórmula elegida para concurrir a las urnas, una suerte de Agrupación de Electores que en la práctica la aleja formalmente de Podemos y la permite incorporar a su lista a quien considere oportuno más allá de las siglas.

Y es una confesión porque, al recurrir a esa inusual candidatura, reconoce que no le valen ni buena parte de los concejales que ahora mismo gobiernan la primera ciudad de España ni, tampoco, la tutela de Podemos y de la amalgama de partidos de todo tipo que ha convertido el Ayuntamiento capitalino en una mala copia de un juego de tronos librado por facciones ideológicas incapaces de competir en otra cosa que no sea dar un espectáculo diario de sectarismo e incompetencia.

Al querer presentarse sin Podemos y sin sus concejales, confiesa algo de lo que es responsable: el sectarismo y la ineficacia en Madrid

Pero Carmena es la máxima responsable de eso, por mucho que su imagen pública logre zafarse sorprendentemente de todo lo que ocurre bajo su dirección, y no se puede reconocer que todo ese paraguas no le es válido a ella y defender a la vez que no ha sido negativo para Madrid.

Doble intervención de Madrid

Sea una decisión final e inamovible o un recurso de negociación con Pablo Iglesias, que la reclutó en 2015 cuando era poco conocida, lo cierto es que la vigente alcaldesa encabeza un despropósito ideológico local aumentado por un desastre sectario nacional, en una doble intervención incompatible con el progreso razonable de Madrid de la que ahora parece quererse desprender.

 

 

Llega tarde, y lo prueba el hecho de que su principal argumento para simular una gestión exitosa sea la reducción de la deuda municipal, abultada con Gallardón y ya reducida con Botella: vanagloriarse de cumplir con las obligaciones ante los acreedores de una deuda considerada antes "ilegítima" es un contrasentido; lograrlo además por la imposición legal de dedicar a esos pagos lo que no haya sabido invertir del presupuesto, una consecuencia de la ineficacia.

 

Más allá de su buena imagen, sustentada en unas formas sin duda agradables y una habilidad retórica para no ofender de palabra a nadie; Carmena y su Gobierno están siendo parte del populismo más nefando que, en coalición con el separatismo, menos bien le hacen a la sociedad española en su conjunto.

¿Y el PSOE?

Que se presente en solitario o acompañada de ese bloque sectario en el que cada protagonista sólo busca su cuota de poder y recursos públicos, es indiferente para variar el diagnóstico de una alcaldesa que empieza y termina en pura fachada

También es una operación estética, finalmente, ofrecer a otros partidos o a sus dirigentes sumarse a una indeterminada plataforma encabezada por ella, aunque en esto la responsabilidad hay que achacársela al ahora presidente Sánchez: fue él, para desdoro de su partido en Madrid, quien pensó en la alcaldesa aupada por el PSOE para encabezar a su partido. No debía encontrar a nadie mejor.

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