21 de noviembre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Las claves del discurso del Rey

El Rey rebajó el tono contra el separatismo, pero no el fondo, igual de contundente. Su discurso hay que leerlo entre líneas para entender los cuatro ejes fundamentales que lo resumen.

El discurso del Rey en Nochebuena es uno de los hitos políticos del año siempre, pero especialmente en éste: nunca antes Felipe VI, desde su llegada al trono, había tenido que bajar a la arena como lo hiciera el pasado 3 de octubre para implicarse directamente en la batalla contra el independentismo en Cataluña. ¿Pero qué ha dicho exactamente y por qué? ¿Cuáles son las claves de un monólogo que siempre hace correr ríos de tinta? Son éstas:

 

1. La puesta en escena

 

La réplica a Puigdemont y compañía llegó desde su despacho personal, emulando el famoso discurso de su padre, Juan Carlos I, en la noche del 23-F de 1981. Entonces no se enfundó su uniforme de las Fuerzas Armadas para evitar un aspecto bélico, pero calcó la puesta en escena y el encuadre de su predecesor para equiparar la magnitud del desafío y, por qué no, la importancia de la Corona en un nuevo Golpe de Estado.

 

El discurso de esta Navidad para despedir 2017

 

Esta vez eligió el salón de audiencias de La Zarzuela, un punto intermedio entre el salón del Trono y sus dependencias personales para emitir un mensaje no verbal muy nítido: el Rey no es una figura elitista ni decorativa, sino un servidor del Estado que desempeña un papel fundamental en la democracia española, a la que representa en esas recepciones con líderes de España y del resto del mundo. A los más atentos no se les escaparía la presencia en el atrezzo de una foto familiar con doña Letizia y sus dos hijas y una serie de artículos relacionados con la Fundación Princesa de Girona.

 

2. Mirando a Cataluña

 

Los mensajes del Rey se preparan, siempre, en sintonía con el Gobierno. Es impensable que, esté en Moncloa quien esté, desde Zarzuela se reme en otra dirección. Ésta vez tampoco ocurrió. El Rey citó a Cataluña nada más empezar, aunque dejó el desarrollo para más adelante: una estrategia retórica hábil para demostrar, desde el comienzo, que sabía qué se esperaba de él y, a la vez, exhibir que en España hay otros problemas más urgentes.

 

El famoso discurso contra el separatismo del 3-O de este año

 

Su mensaje hacia Cataluña fue muy claro en el fondo, pero más conciliador en las formas: la independencia no tiene futuro, pero se debe hacer un esfuerzo conciliador si el separatismo acepta las reglas del juego. Es lo mismo que dice el Gobierno desde hace meses, pero con un matiz: al decirlo Felipe VI, se anticipa que cualquier negociación con la nueva Generalitat no pondrá en juego la imagen de España, fijándose de nuevo unos límites que ya eran conocidos por todos, no obstante.

"El camino no puede llevar de nuevo al enfrentamiento o a la exclusión, que –como sabemos ya– solo generan discordia, incertidumbre, desánimo y empobrecimiento moral, cívico y –por supuesto– económico de toda una sociedad".

 

 3. Sin miedo a la reforma

 

El Rey no relacionó su mensaje reformista al episodio catalán directamente, del mismo modo que hizo una defensa sutil de la unión refiriéndose más a la de España con Europa que a la de Cataluña con España, aunque era fácil de entender a qué se refería.

 

El primer discurso de Felipe VI, más íntimo, en 2014

 

Pero ya anticipó la disposición del Estado a modernizarse... dentro de los parámetros constitucionales. En este capítulo es donde menos preciso sonó, premeditadamente, pero leyendo entre líneas se puede llegar a esa conclusión, resumida en una frase: 

"Y estoy seguro de que nadie desea una España paralizada o conformista, sino moderna y atractiva, que ilusione; una España serena, pero en movimiento y dispuesta a evolucionar y a adaptarse a los nuevos tiempos".

 

4. La defensa del 78

 

Ese espíritu estuvo presente en toda su alocución, consciente de que, por distintas razones, hay dos movimientos políticos en España que discuten la base de la democracia vigente y de la propia institución monárquica, como símbolo de ella: el llamado populismo y el nacionalismo. Don Felipe fue muy claro en la defensa de la Constitución o, más en concreto, de la España constitucional

"Sintámonos, sin complejos, orgullosos de todo lo que hemos conseguido porque es mérito de todos; confiemos en lo que siempre nos ha unido, en lo que somos, tal y como somos, y sobre todo en lo que podemos alcanzar juntos con una fe firme en nuestras convicciones y en nuestras capacidades".

El terrorismo yihadista, el medio ambiente o la crisis económica completaron el resto de su intervención, protagonizada por un Rey vestido de gris, ese color intermedio entre las tonalidades más extremas, entre el blanco y el negro, situándose en un punto intermedio pero sin perder la posición central, inamovible. Quizá por eso Gabriel Rufián, emblema del separatismo; o Pablo Iglesias, icono del populismo, tardaron sólo unos minutos en replicarle desairados.

 

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