21 de septiembre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El humorista de Risto Mejide se mete en un jardín con una broma de la Infanta

Miguel Lago, a la derecha, junto a Risto Mejide y Marta Flich

Miguel Lago, a la derecha, junto a Risto Mejide y Marta Flich

Miguel Lago hace una broma explosiva sobre doña Elena y provoca un terremoto en las redes sociales del que él mismo quiere escapar dando todas las explicaciones.

 

 

 

Miguel Lago tiene años de experiencia en las tablas, como humorista sin pelos en la lengua, de ésos que no deja títere con cabeza ni a diestra ni a siniestra. Pero donde se ha hecho popular es junto a Risto Mejide, en Todo es Mentira, donde ocupa uno de los dos sillones reservados a humoristas, junto a Antonio Castelo.

Y allí ejerce generalmente de "progre", sea por evolución propia o por necesidades del guión. Y ese nuevo "Lago" parece haber saltado de la pantalla a la vida real, a tenor de un tuit publicado por él que ha corrido como la pólvora hasta hacerse TT del día. Explosivo es, sin duda:

 

 

Cualquiera que siga a humoristas, sabrá que el margen que se dan es muy ancho, que los temas que se tocan son casi todo y que el "tono burro" hay que contextualizarlo para no escandalizarse cada cinco minutos. Pero haberse metido así con la Infanta Elena y de paso con personas con problemas serios fuera de la pantalla y del teatro, le ha pasado factura:

 

 

Él mismo ha intentado parar el incendio, presentándose en sociedad para aquellos que solo le conocen de televisión junto a Marta Flich y compañía y recordando el tipo de humor que practica, muy alejado del monocultivo ideológico habitual en España y, desde luego, nada dado a ponerse límites políticamente correctos:

 

 

Y para intentar no dejar dudas, una última explicación del autor del vídeo, a quien sin duda su presencia en una cadena nacional le pasa una factura que, en un teatro con su platea y sus butacas, no le hubiera llegado nunca. Consiga o no detener la ola, su justificación convencerá a muchos y dejará impasibles a otros tantos más.

 

 

Para terminar, un mensaje más, que seguramente el aludido asumirá en aplicación de su misma medicina, prolongando un debate de fondo más interesante: ¿Dónde empieza y dónde termina el humor? ¿Qué es tolerable y qué no lo es y en función de qué razones? ¿El mal gusto es suficiente para frenarse o todo lo que no sea delito es permisible? Ahí lo dejamos, y que cada cual se dé a sí mismo su respuesta.

 

 

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