19 de octubre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Podemos en quiebra mientras Iglesias y Montero crean una sociedad muy rentable

La "pareja Real" de Podemos ha llevado al partido a la ruina, mientras sus ganancias no dejan de crecer, transformados en burgueses capaces de sacrificarlo todo por su bienestar.

 

 

Podemos ya no existe”: la frase es cruel, incluso demoledora para Pablo Iglesias, porque quien lo certifica es Íñigo Errejón. Hablamos, posiblemente, del hombre que mejor vio, hace ya tiempo, la deriva de un partido que llegó para dinamitar el Sistema y ha acabado con su líder engullido por él, convertido en padre de familia con una  jugosa nómina pública y un envidiable chalet apartado de la ciudad.

Un hombre seducido por el sueño burgués, inalcanzable para miles y miles de jóvenes de esa clase media que el radicalismo izquierdista se empeña en aniquilar para mantener en pie su trasnochada guerra de clases.

Ya se sabe: ¿la gente o la casta? Muchos militantes de Podemos, de esos que creyeron de buena fe en su proyecto fundacional, se preguntan ahora a cuál de esas categorías pertenecen Pablo Iglesias e Irene Montero, la pareja propietaria de esa provechosa “sociedad limitada” que sigue viento en popa mientras su empresa, el partido morado, ha entrado literalmente en concurso de acreedores.

Son también muchos los dirigentes morados que -en privado, claro- rumian a esta hora sus reproches a Iglesias. Que si el “error Galapagar" ha dilapidado el proyecto de forma irreversible; que si las purgas de críticos -Carolina Bescansa, Luis Alegre, Tania Sánchez, Ramón Espinar, Pablo Bustunduy o el propio Íñigo Errejón- han dejado a la dirección nacional sin la “materia gris” de la que siempre pudo sentirse orgullosa y presumió…

Vista la catástrofe del 12-J, se preguntan incluso los motivos por los que la “pareja dirigente” no aprovechó su incontestable proyección pública para “construir partido en los territorios”. Así lo lamenta el ideólogo Juan Carlos Monedero.

 

El resultado es el ya conocido. Desaparecidos en Galicia, Castilla-La Mancha y Cantabria; irrelevantes en País Vasco, Castilla y León, La Rioja, Murcia, Navarra, Asturias, Extremadura y Canarias. Total, un desastre.

De lo que no cabe duda es que Pablo Iglesias e Irene Montero han estado muy ocupados enchufando a sus fieles en los ministerios y empresas públicas que dependen de ellos y colocando a sus “topos” en instituciones clave, como la estratégica Comisión Nacional del Mercado de la Competencia o la Junta Electoral Central. Y ahora acechan al Consejo General del Poder Judicial, oscuro objeto de deseo del vicepresidente.

 

 

Desde que la “sociedad limitada” Iglesias-Montero impusiera su férreo control sobre el aparato de Unidas Podemos, tras una limpieza en toda regla de quien pudiera hacerle sombra, el dueto no ha dejado de enviar a sus cargos públicos a la cola del INEM.

Es paradójico que precisamente ellos propongan ahora que las empresas con beneficios tengan prohibido despedir. Solamente este pasado domingo, Podemos ha extinguido definitivamente los contratos de 19 de sus parlamentarios. Llegó al 12-J con 25 escaños en Galicia y País Vasco, y sale con apenas seis en la cámara de Vitoria. Así se escribe su historia.

Curioso: Iglesias, acorralado además por el “caso Dina”, ha llamado a la “autocrítica”. Bien saben quienes le conocen que no es más que un brindis al sol. Lógica lampedusiana: apariencia de que todo cambia para que todo siga igual.

La antigua sede de la madrileña calle Princesa se ha trasladado al “búnker” del chalet de Galapagar. Allí Pablo Iglesias, Irene Montero y Pablo Echenique se afanan por endurecer aún más la campaña contra la Monarquía. Es su manera de desviar la atención. Pura maniobra de distracción. De corto recorrido, por cierto.

Nubarrones en Cataluña

Porque en el horizonte se dibujan las elecciones catalanas, que tampoco auguran buenas noticias para el cuartel general de Podemos. Ya se encargará Ada Colau, siempre presta a arrimarse al sol que más calienta de marcar distancias con unos dirigentes morados que, en estos momentos, restan.

En fin, las bases de Podemos contemplan atónitas la deriva de una formación que irrumpió para asaltar los cielos al grito de “sí se puede” y que ya da signos, en menos de seis años, de estar a las  puertas del siniestro total. Salvo para su camarilla dirigente.

La nueva política para Iglesias ya sabemos lo que es: las responsabilidades sólo las asumen los demás. El partido meramente es un instrumento al servicio de la supervivencia del líder y su grupo de amiguetes.

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