21 de octubre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Sánchez, un dirigente irresponsable que da alas siempre al independentismo

 

 

Nadie ha estimulado tanto al independentismo, en sus distintas versiones, como Pedro Sánchez. Y nadie lo ha hecho, además, en el peor momento para España, coincidiendo con una ola de esta ideología perversa que, con desigual intensidad, azota a la vez en distintas comunidades al detectar la flaqueza del poder Ejecutivo, la fragmentación parlamentaria y la debilidad constitucional.

Sánchez ha permitido que Navarra dependa de Bildu y del PNV, con esa toma de posesión simbólica de Íñigo Urkullu junto a la presidenta nominal, María Chivite, con una decisión que no tiene nada de excepcional y sí, por contra, de norma.

Un virus en expansión

Con el independentismo llegó él mismo a La Moncloa mediante una moción de censura que no hubiera triunfado sin el PNV y ERC y además contó con el respaldo de Bildu. Y con él, de una forma u otra, gobierna la Diputación de Barcelona, la Comunidad de Valencia o las Baleares, como ejemplos más destacados.

Que su otro socio haya sido el populista Podemos, gracias al cual gobernó Madrid y un sinfin de ayuntamientos, evidencia el carácter estructural de la política de alianzas del sanchismo.

Nadie ha dado nunca tantas alas al separatismo, en el peor momento posible, como el PSOE de Sánchez

Vale todo, para este PSOE, a la búsqueda de un beneficio inmediato menor que proyecta problemas mayores para el conjunto del país. No hace falta melodramatizar ni exagerar para entender que, si de alguien no puede depender la estabilidad institucional de España y de sus distintos ámbitos administrativos, es de quien no cree en ellos y quiere cambiarlos.

Eso es básicamente Podemos, un partido que desprecia la Transición y defiende sin ambages un nuevo periodo constituyente. Y eso es, desde luego, el independentismo en su conjunto, que solo colabora con Sánchez con la creencia de que eso beneficia a sus objetivos rupturistas.

 

Los independentistas son muchas cosas perniciosas, pero tienen una virtud: no engañan ni cambian; se comportan siempre como tales y todo lo más varían de estrategia y de calendario pero no de objetivos. La colonización de Navarra desde el PNV, con la tutela de Bildu, es un hecho consumado de una gravedad histórica que extiende y alimenta el virus secesionista en otras comunidades donde ya anida.

Y que en ese contexto, inducido por él, Sánchez se permita exigir el respaldo de los partidos constitucionales, resulta escandaloso e indiciario de la catadura de sus principios. Si el PSOE se hubiese negado a gobernar Navarra con esos peajes, tras sacar casi la mitad de diputados que el vencedor, aún tendría sentido la súplica. Pero después de este bochorno, que se atreva a solicitarlo siquiera denota una frivolidad sin límites.

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