03 de abril de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Irene Montero tiene que recuperarse y después dimitir sin perder ni un minuto

Irene Montero, durante el 8M

Irene Montero, durante el 8M

La ministra de Igualdad ha generado un problema de Estado y ha potenciado el riesgo de contagio de en las calles. Cuando sane, no puede seguir en el Gobierno.

 

 

Irene Montero está enferma por coronavirus, y lo primero que hay que desear es una pronta recuperación, que hará muy feliz a su familia y, desde luego al conjunto de los españoles: primero porque es un ser humano. Y después porque será, también, una espléndida prueba de que de esta terrible enfermedad se sale.

Pero dicho lo cual, y más allá de esa valoración personal, la ministra de Igualdad debe dimitir de todos sus cargos una vez esté perfectamente su salud. Porque ha provocado un problema de Estado, totalmente innecesario, con su temeraria actitud, más propia de una adolescente caprichosa que de una adulta con responsabilidades de enorme rango.

 

Porque cualquiera puede enfermar, pero si alguien no tiene derecho a potenciar el contagio es quien ejercer competencias públicas destinadas a paliar los riesgos de una crisis sanitaria como la que padecen España y medio mundo.

Y eso es lo que hizo Irene Montero el 8M, alentando a la ciudadanía a echarse a las calles en pleno pico de crecimiento de la pandemia y disimulando, en esto con Pedro Sánchez a la cabeza, que los efectos ya estaban siendo devastadores.

 

 

Que en lugar de hacer una llamamiento a la calma y  al recogimiento, como imponían los datos ya conocidos, la dirigente de Podemos potenciara exponencialmente el riesgo de contagio y acabara contagiada ella misma, es de una frivolidad infinita que no tiene disculpa ni justificación.

Con el Congreso paralizado por razones preventivas, amenazar al conjunto del poder Ejecutivo e incluso obligar a los Reyes a someterse a un análisis tras haber permanecido en contacto con la infectada; es simplemente impresentable.

Y denota cómo el conjunto del Gobierno, por cierto, antepuso la campaña de autopromoción feminista a la cautela sanitaria, intentando luego disimular esa vergüenza con una inenarrable explicación del ministro de Sanidad que hoy ya se ha demostrado falsa: cuando mantuvieron el 8M, ya sabían que la enfermedad se había disparado.

 

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