15 de octubre de 2020 | DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Los Franco se desangran tras la muerte de la matriarca de la saga familiar

Carmen Franco, el pegamento que unía a la familia

Carmen Franco, el pegamento que unía a la familia

La herencia de Carmen Franco ha dejado al descubierto la relación de sus hijos. Entre ellos, existen bandos. Carmen y Francis libran una batalla de gran calado que divide a la familia.

Carmen Franco asumió con gran entereza que sufría con un cáncer terminal. Prefirió pasar sus últimos días en la tranquilidad de su hogar. Allí recibía cuidados especialidades y el afecto de los suyos. Aunque nunca fue una mujer excesivamente cariñosa, siempre estaba cuando algún miembro de la familia la necesitaba.

La muerte de Carmen ha dejado heridas abiertas difíciles de cerrar. La relación entre sus hijos nunca ha sido fluida. Cristóbal y Merri van por libre. En cuanto a Carmen, su favorito es Jaime. A él le debe que las cosas se arreglaran entre ella y Luis Alfonso. Fue Jaime quien habló con su sobrino y le explicó una parte para él desconocida del matrimonio de sus padres.

Aunque los hijos y algunos nietos de Carmen Franco tienen participación en el entramado societario familiar, quien más poder ostenta es Francis. Su madre confiaba en él y no tuvo inconveniente cuando le pidió tener mando en plaza para hacer y deshacer en lo referente a la gestión del patrimonio.

La confianza que la matriarca de la saga tenía en Francis no se hace extensible a algunos de sus otros hijos. Carmen y su hermano nunca han congeniado. Ha existido entre ambos algún punto de inflexión pero poco ha durado la tregua. Ahora están enzarzados en un duro enfrentamiento por los títulos nobiliarios del ducado de Franco y el marquesado de Villaverde.

A Francis le gustaría quedarse con el ducado de Franco. Años atrás, en uno de los pocos alto el fuego entre ambos, Carmen dijo que no le importaría cedérselo si tan importante era para él. Sin embargo, llegado el momento de la verdad, la primogénita de Cristóbal Martínez-Bordiú ha dicho que nones, que el ducado para ella, el marquesado para él, y campana y se acabó.

Pero todavía hay más. Los nietos del dictador andan con la mosca tras la oreja por el reparto de la herencia. Aunque de cara a la galería aseguran que todo está bien, de puertas para adentro confiesan temor ante las maniobras en la oscuridad que habría orquestado alguien en su beneficio y en detrimento del resto. Ha sido irse el pegamento que les unía y el clan del Pardo ha empezado a arder.

 

Comenta esta noticia