30 de noviembre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La muerte del campo español explicada con el precio de un ajo y de una naranja

Agricultores de El Ejido, cortando la autovía este martes

Agricultores de El Ejido, cortando la autovía este martes

¿Por qué los agricultores están en pie de guerra? ¿Qué explica que nuestro patrimonio agrícola las pase canutas? Éstas son las respuestas, y resultan muy inquietantes.

 

 

La industria agrícola española, en su día granero de Europa, donde se producían una tercera parte de todos los alimentos consumidos en la UE y que fija a la España interior (60% de sus pueblos con menos de mil habitantes) esta herida de muerte.

¿Cómo es posible que siendo España un país productor de primer orden tengamos subidas del orden de un 400% en determinados productos? Debido a la larga cadena de intermediarios (y comisionistas) entre  el campo y el supermercado haciendo que los precios en origen estén a años luz de los precios que el consumidor final paga.

Solo por poner un ejemplo, el ajo que se paga al agricultor a 0,70 €; el consumidor lo paga a 5,25 en destino. O el brócoli, que al agricultor se le paga 0,38 € y el consumidor paga en destino 2,58 €. Y la patata 0.15 €; el consumidor paga 1,20€... y así una lista interminable de productos.

El campo español muere a manos de la globalización y las multinacionales que controlan la distribución: un oligopolio que  fija de manera concertada precios abusivos y que desmiente el mantra neoliberal de que los precios se autorregulan solos beneficiando a productores y consumidores.

 

No contentas las cadenas de distribución con este auténtico fraude de precios están importando productos de terceros países que no respetan los mínimos requisitos exigidos al sector nacional: así en Suecia ha habido una alerta alimentaria después de detectar en tomates marroquíes niveles 20 veces más altos de los permitidos de procimidona, un fungicida prohibido en Europa.

Peligro para El Ejido

Y las naranjas sudafricanas han presentado 62 materias activas de pesticidas altamente peligrosos que están prohibidas en la UE, con la mitad de vitamina C que la española, ya que son congeladas para su transporte y almacenamiento.

Grandes explotaciones marroquíes montadas por fondos de inversiones saudíes y franceses en Agadir y Larache están llamadas a sustituir a El Ejido: zonas áridas donde emplean 100 litros de agua para producir un kilo de tomates, cuando en Europa empleamos 10 litros.

 

 

Y donde a los agricultores se les paga 5€ al día cuando en Europa se paga 10 € la hora...son los "tratados de libre comercio," firmados por una Comisión Europea, que nadie elige, con Marruecos en prejuicio del campo europeo lo que está acabando con nuestro campo.

En nuestras manos

Cuando socialistas como Fernández Vara dicen que el SMI impacta negativamente en el campo, yo le recordaría que a Francia llega para trabajar en la vendimia 14.000 temporeros españoles que cobran 10,03 €/hora; mientras que para la fresa de Huelva llegan 14.000 temporeros marroquíes, quedándose ilegalmente al año en nuestro país entre 3500 y 4000, un 20%.

El consumidor español tiene mucho que decir ante semejante panorama: vigilando el etiquetado de los productos y priorizando los productos españoles y europeos, que se mejore y sea una realidad la "Ley de la Cadena Alimentaria" para prevenir y denunciar las malas prácticas de la industria alimentaria y sobretodo promover el comercio de proximidad, los canales cortos; las relaciones directas entre productores y consumidores.

En nuestras manos está nuestro campo.

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