19 de julio de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Andalucía necesita regeneración y Susana Díaz dejar de utilizarla

 

 

Susana Díaz ha vuelto a evidenciar el carácter instrumental que para ella tiene Andalucía, tratada siempre como una herramienta al servicio de sus intereses políticos personales, al convocar de manera anticipada Elecciones para el próximo 2 de diciembre.

Ninguna de las razones que justifican el adelanto electoral -y son muchas- han llegado de repente, pero sólo ahora le parecen relevantes a la presidencia por dos razones evidentes: de un lado, pasar por las urnas antes de que se dicten en 2019 las primeras sentencias de los ERES; de otro anticiparse lo máximo posible a las Generales y al más que previsible desgaste de Sánchez y del PSOE cuando al fin se celebren.

Susana Díaz utiliza Andalucía como un mero instrumento al servicio de sus planes personales

Ambas circunstancias tienen poco que ver con las necesidades de Andalucía, un mero instrumento al servicio de los planes de la misma dirigente que estaba dispuesta a abandonar la presidencia para ponerse al frente del PSOE y que se volvió a San Telmo, por mera supervivencia, cuando fracasó en las Primarias frente al hoy presidente.

Mala gestión, cero transparencia

Con ser todo esto importante, no es al lado del balance que puede ofrecerle Díaz a los andaluces, ciertamente tétrico. Ni por gestión ni por transparencia. Sobre lo primero, sólo cabe decir que siendo Andalucía una tierra rica y con un inmenso potencial, bajo su batuta a perpetuado sus daños ancestrales en materia de desempleo -especialmente juvenil y femenino-, fracaso escolar y renta per cápita.

En las tres variables que más y mejor miden la eficacia de un Gobierno, el susanismo fracasa con estrépito, prolongando 35 años de decepciones y ocasiones perdidas que han colocado a una región formidable a la cola de Europa en casi todas las magnitudes importantes.

Andalucía necesita un cambio tras 35 años de clientelismo que ha sumido en el retraso a una región formidable

Y en materia de regeneración, transparencia e higiene política; el balance es todavía más deplorable. La herencia de los ERES es suya, pues sintetiza el asentamiento de un lamentable sistema clientelar en Andalucía del que ella misma se benefició y que sin duda ha mantenido. Pero además supone el mayor escándalo de corrupción nunca visto en España, pues si cuantitativamente tiene 600 imputados y 30 causas; cualitativamente supone el liderazgo y la participación de las propias instituciones en una trama sostenida de saqueo.

Con esos mimbres, la renovación en Andalucía es imprescindible. Y por mucho que el miedo al cambio haya sido uno de los resortes de control de voluntades más manejados por el PSOE, es de desear que los andaluces se den una oportunidad a sí mismos e impulsen un proceso regenerador. El PP y Ciudadanos tienen juntos una oportunidad de lograrlo y, si las cuentas le salen, no hacerlo sería decepcionante. Estaría bien que ambos dejaran clara su intención antes de acudir a las urnas.

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