17 de octubre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El reventón de los barones: “El nuevo PSOE significa más Pedro que nunca”

Emiliano García-Page y Pedro Sánchez, tomando algo en una terraza de Cuenca.

Emiliano García-Page y Pedro Sánchez, tomando algo en una terraza de Cuenca.

Los recelos persisten en el Partido Socialista, igual que la zozobra. Pero los líderes regionales aprietan los dientes, forzados a decir “amén” al recién reelegido secretario general.

Ya anda Pedro Sánchez exactamente donde quería estar: En el meollo, en el epicentro, en boca de todos. Y está fuerte. Claro. Desmantelado el susanismo, oyéndose aquí y allá el eco del “ella perdió a pesar de nosotros”, replegándose cada cual en su feudo, el secretario general ha conseguido lo que perseguía desde 2014: Tener las manos libres. El líder renacido sabe ya que los barones ni tuvieron el control de sus aparatos, viejos y anquilosados, ni sus criterios gozaron de la autoridad necesaria sobre las bases, otorgándole el cetro de Ferraz.

Sánchez ha resultado elegido mediante un procedimiento impecablemente democrático y su inapelable victoria le da derecho a forjar su liderazgo sin sombras de ningún tipo. Le permite soltarse el pelo, imponer con naturalidad su programa y cortar la melena de esos barones, delimitando su ámbito competencial para evitar injerencias. Los cambios que están a punto de producirse en el 39 Congreso Federal serán de altura. Mira por dónde, el PSOE saldrá de su cónclave más “caudillista” de lo que entrará. O, al menos, eso barruntan los derrotados.

Los desafectos con el sanchismo trasladan en privado sus prevenciones sobre comportamientos propios de los liderazgos absolutos. “El nuevo PSOE significa más Pedro que nunca”, avisa un socialista del entorno de un secretario general que, como los demás perdedores, lamenta haberse quemado en la batalla. En medio de la máxima desafección de la militancia con los tradicionales referentes del partido temen una época en la que impere el “cesarismo” de Sánchez.

Desde luego, nadie volverá a arrebatar el papel estelar de Pedro Sánchez. Está más que claro. A su lado, Susana Díaz, con todo lo que aparenta, ha evidenciado ser algo bisoña. La Doña salió la noche del 21-M de Ferraz presta a reorganizar la contestación al secretario general, pero la ilusión duró el tiempo que tardó en constatar la negativa de los barones de mayor peso a coger el fúsil. Ellos tampoco quieren quedar más estigmatizados aún ante las bases.

A la luz de los acontecimientos, el anunciado mutis del asturiano Javier Fernández, aturdido por el estruendo de Sánchez, sólo ha servido para disparar las apuestas sobre cuando claudicará el aragonés Javier Lambán. A la desesperada, y por si prendía el acicate de mandarlo al otro barrio, el manchego Emiliano García Page filtró desde su gabinete muestras de adhesión de su federación. El único sentido del autismo del “reventado” Page durante las 48 horas posteriores al triunfo de Sánchez era mostrar a todos quién es el que manda en su casa.

De manera más reservada que explícita, la sensación instalada en el Grupo Socialista tampoco es de rebeldía hacia el reelegido jefe sino de expectación. Tampoco parece ser tiempos para valientes. Uno de esos hombres que mejor conoce el partido mantiene: “Los ciudadanos nunca otorgarían su confianza a un hombre que es incapaz de ganarse el respaldo de sus propias siglas. Pedro ya posee toda la legitimidad para demostrar su valía”.

De momento, subido a la ola de la militancia, sondeos ya en el horno permitirán lucir músculo a Pedro Sánchez, pero aún deberá demostrar una alternativa para ilusionar al españolito de a pie. Si no lo hace, sólo quedará decir: apaga y vámonos.

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