02 de junio de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Sánchez escurre el bulto de sus negligencias, ataca a los críticos y cierra todo

Pedro Sánchez, esta semana en el Congreso

Pedro Sánchez, esta semana en el Congreso

El presidente achaca la virulencia del virus en España a la casualidad, rechaza toda autocrítica, paraliza el país entero y entrega a Europa las soluciones a la pandemia y sus efectos.

Sin ninguna autocrítica, e incluso atacando duramente a quienes discuten su gestión de la pandemia, Pedro Sánchez ha vuelto a dirigirse a la opinión pública este sábado para anunciar la paralización total de la actividad del país, a excepción de los servicios esenciales.

Aunque no se conocerá exactamente qué nuevas actividades pararán entre este lunes y el jueves 9 de abril, todo indica que la gran novedad será el sector de la construcción, sin demasiadas variaciones en lo demás: sanidad, seguridad, defensa, alimentación y medios de comunicación, entre otros, seguirán funcionado como en las primeras semanas de Estado de Alerta.

Tampoco aclaró quién va a costear el "permiso retribuido" que impondrá por ley para todos los empleados, aunque su aclaración de que lo devolverán paulatinamente en horas de trabajo a futuro parece despejar la duda: serán las empresas quienes sigan costeando esos salarios aunque su actividad esté paralizada y muchas de ellas al borde de la quiebra. Este domingo, en un Consejo de Ministros extraordinario, se saldrá de dudas.

 

Con el récord de muertos en un día, 832 en toda España, y las cifras de infectados disparadas hasta las 73.000; el presidente del Gobierno intentó a la desesperada dos estrategias: convertir la letalidad nacional del coronavirus (el 20% de las víctimas mundiales son españolas, aunque solo somos el 0.6% de la población) en una especie de desgraciada casualidad y, por otro lado, cargar en Europa las soluciones.

Aún más, Sánchez, que ha prorrogado el Estado de Alarma con el apoyo de PP, VOX y Ciudadanos y tiene un consenso máximo desde el comienzo de la crisis; no dejó de atacar en su comparecencia a cualquiera que critique a su Gobierno, buscando "culpables y división desde el rencor".

Sánchez no hizo autocrítica alguna pese a que España sufre el 20% de los muertos pese a tener solo el 0.6% de la población mundial

El discurso de Sánchez, de nuevo con preguntas enlatadas que pudo conocer de antemano y responder a su antojo, "copió" además una parte de una de las más famosas alocuciones de Churchill en la Segunda Guerra Mundial, aquel que prometió a los ingleses "sangre, sudor y lágrimas" para salir del horror.

En el caso del socialista, las palabras fueron "sacrificio, resistencia y moral de victoria", aunque no fue capaz de precisar ni fechas para ese "éxito" ni razones para la esperanza en un día trágico en vidas que prologa una semana para la cual, según avanzó por la mañana el portavoz de la crisis, Fernando Simón, se espera el colapso casi total de las UCIS hospitalarias.

La misma Europa a la que ignoró

Quizá las apelaciones indirectas al primer ministro británico fueran una manera de situar en Europa las soluciones que el Gobierno parece no tener desde España: volvió a pedir un Plan Marshall costeado por Bruselas, al que de momento se oponen Holanda y Alemania fundamentalmente, y colocó en Europa toda la responsabilidad en la gestión de las consecuencias de una pandemia que no tiene visos de terminar a corto plazo.

La misma Europa a la que, por cierto, Sánchez ignoró cuando el pasado 3 de marzo le trasladó por escrito la conveniencia de suspender cualquier actividad de masas. El Gobierno no hizo caso de ese aviso ni de ninguno de los que, ya desde enero, le trasladaron también la OMS y la OMC: quizá eso explique que España casi dobla ya en muertos a China, pese a tener 40 veces menos población. "Es un virus viajero aleatorio", intentó justificarse Sánchez. Sin demasiado éxito.

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