18 de noviembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

TV3, el odio y la sentencia

Soy periodista y no puedo desear el cierre de un medio de comunicación. Pero TV3 no es un medio de comunicación. Es un medio de propaganda al servicio del odio, la separación y el golpismo.

 

 

Llevo 24 horas viendo TV3 por obligación profesional y, aunque vivo en Madrid, empiezo a sentir ganas de bajar a la calle a quemar un contenedor.

El machaque televisivo es constante desde que se conoció la sentencia del "procés". Es de manual. Ni Goebbels lo superaría. Como lo fue en aquel 1-O de 2017. Como lo es desde hace 35 años en cada minuto de su programación y, particularmente, de forma estratégica, en la infantil y juvenil.

Hace 25 años, quienes cubríamos las guerras de Bosnia, Croacia y Eslovenia (esa que tanto añora Quim Torra) advertíamos: que a ETA se le podría derrotar en el País Vasco, pero que el odio antiespañol que se estaba inoculando silenciosamente a varias generaciones en Cataluña a través de la escuela (adoctrinamiento) y la TV3 (propaganda) sería, a la larga, mucho más grave y difícil de resolver.

Yo vivía entonces en Barcelona (1992) y lo veía en mi entorno burgués-pujolista-convergente. Los hijos de ese mundo salieron de ERC y los nietos ya están en los CDR, acusando a sus mayores de "traidores". Se revuelven ya contra si mismos. Pijitos bien comidos y bebidos, que han crecido en esta España y en esta democracia que tanto les dijeron, desde pequeños, que tenían que detestar.

 

Crearon un monstruo y se les fue de las manos. Y aestán, hoy, sus "cachorros", de varias generaciones, cortando carreteras y asaltando edificios oficiales, convencidos de las mentiras con las que les han lavado el cerebro durante décadas a base de prostituir la historia, mientras los Pujol lo que lavaban en Andorra era el dinero negro de su negocio redondo llamado "Cataluña SA" (consentido por PSOE y PP).

 

 

Soy periodista desde hace 30 años y no puedo desear el cierre de un medio de comunicación. Pero TV3 no es un medio de comunicación. Es un medio de propaganda al servicio del odio, de la separación, del golpismo ("sedicente" o "rebelde", me da igual).

Lo más duro es que todos nosotros (murcianos, extremeños, andaluces, riojanos, madrileños …) seguimos financiándolo sin que nadie haga nada. Pagando con nuestro dinero los sueldos de estos supuestos periodistas, que contribuyen, cada día, sin descanso, 24 horas sobre 24, al fin político del independentismo: seguir manteniendo la tensión y generar más odio. A ver si, con suerte, ahora llega el muerto que no les dio el 1-O (y la templanza "exasperante" de Rajoy).

Porque a Sánchez solo le interesa Sánchez y su único fin es ganar las elecciones. Y, frente al desafío, hará lo que sea.

Porque saben que su derrota real será … que no pase NADA; que el "pueblo catalán" siga su vida normal mañana o pasado, o dentro de un mes, cuando baje la tensión, mientras sus "capos" siguen en la cárcel.

Llevará décadas

Ya pasó con el 155. Iba a ser el fin del mundo y no pasó NADA porque sintieron, por primera vez, en toda su dimensión, el peso de un Estado ausente durante décadas. Ahora hace falta que sigan sintiéndolo. Revertir esto llevará décadas. Pero hay que empezar. Y cuanto antes.

Hace falta en Moncloa un gobierno que afronte con perspectiva, altura de miras y sentido de estado este grave desafío a nuestra paz. Un gobierno que ponga a España por delante. Un liderazgo claro e incondicional. Un liderazgo de principios. Y no lo hay.

Recordando a Milosevic

Porque a Pedro Sánchez solo le interesa Sánchez y su único fin es ganar las elecciones. Y, frente al desafío, hará lo que sea. Una cosa (mano dura, Ley de Seguridad Nacional …) o la contraria, o las dos a la vez, según le dicte, por días, de aquí al 10-N, su Rasputín monclovita, Iván Redondo.

Acabo estas líneas, levanto la mirada del ordenador y ahí sigue TV3, mamporreando la pantalla. Y vienen a mi memoria de corresponsal las soflamas incendiarias de la radio y la TV pública serbia del sátrapa Milosevic, que fueron decisivas para encender la mecha de aquella guerra que tanto añora Torra. Y en mi memoria, también, quienes, por ver lo que veíamos venir, nos llamaron, hace 25 años, "fascistas" y "exagerados". Ahí los tenéis.

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