25 de mayo de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Ocho momentos del debate que dejó herido a Sánchez pero no muerto

El primer asalto de los debates electorales dejó maltrecho a Sánchez, pero no le derribó del todo. ESdiario elige siete grandes momentos del "combate" que deja todo abierto para Atresmedia.

Un debate es un producto vivo, por mucho guión previo que tengan los aspirantes, y siempre deja imágenes imprevistas, sonidos inesperados y anécdotas sorprendentes. Unas son muy relevantes, otras no tanto, pero al juntarlas ofrecen un paisaje alternativo para entender lo que ocurrió en TVE, a falta del segundo round en Atresmedia. Éstos son, a juicio de la redacción, los momentos más definitorios del primer asalto entre Sánchez, Casado, Rivera e Iglesias.

 

La foto de Rivera

 

El líder de Cs pasó al ataque desde el primer momento, exigiendo la cabeza de Rosa María Mateo en su propia cara, aunque pasó por alto dos temas que hubieran hecho mucho daño a sus dos principales rivales, citados solo de pasada: la tesis de Sánchez y la mansión de Iglesias, que pueden reaparecer este martes.

 

 

Su momento más llamativo fue cuando sacó una fotografía, enmarcada, de Sánchez con Torra, para preguntarle directamente si era partidario de conceder indultos a los posibles condenados en el Supremo. El líder socialista no respondió, o lo hizo con ambigüedades.

 

El silencio de Casado

 

El líder del PP optó por un tono moderado y propositivo, tal vez para esquivar la imagen de ultra que Sánchez quiere dar de él. Pero le faltó contundencia para, cuando menos, replicar a Sánchez, que le interpeló varias veces de manera directa mirándole a los ojos. En una de ellas, no supo responder, quedándose paralizado: "Cuando una mujer no dice SÍ, es NO". Y Casado no supo qué decir.

 

La Constitución de Iglesias

 

El líder de Podemos no llevó ni gráficos ni fotografías, optando por un tono moderado y leyendo de manera reiterada la Constitución que, paradójicamente, quiere cambiar. Quien más habla de abrir un "periodo constituyente", más citó a la Carta Magna caduca a su juicio, aunque pasó por alto el artículo referido a la soberanía nacional.

 

 

Su gran momento contra Sánchez, al que trató con delicadeza, fue cuando le recordó que uno de sus empleados en La Moncloa, Alberto Pozas, era el propietario del contenido del móvil robado a una de sus asesoras. Su "socio" no supo qué responderle pero se olvidó de volver a hablar de "las cloacas".

 

La crispación de Sánchez

 

El líder socialista no funciona en los debates. Fuera del mitin sin réplica, su discurso flaquea y los nervios se apoderan de sus gestos y de sus palabras. Todo se resumió en los aspavientos que, creyéndose fuera de pantalla, le hizo al superado moderador, Xabier Fortes, para que le diera la palabra: en realidad, el periodista de TVE fue en exceso permisivo con el socialista, que casi nunca dejó hablar sin interrupciones a sus contrincantes. 

 

El ausente

 

Santiago Abascal no estuvo, por incomprensible decisión de la Junta Electoral, y tampoco se le citó en exceso. No sorprende en el caso de PP y Cs, pero sí en el del PSOE y Podemos, que apenas citaron a Vox.

 

 

Destruido por su falta el principal discurso de Sánchez sobre "las tres derechas", tuvo que conformarse con apelar alguna vez, sin demasiada convicción, a "las dos derechas", que no se dieron mimos pero sí mostraron complicidad: no somos rivales, se dijeron con ésas y otras palabras Casado y Rivera. Abascal salió bien parado sin ir siquiera.

 

Los olvidos

 

Sorpendentemente, apenas aparecieron algunos de los asuntos más espinosos para Sánchez: el plagio de su tesis, los viajes en el Falcon. Ni siquiera Casado entró en ese ámbito cuando su rival sí lo hizo con la corrupción del PP, que lo hizo de forma reiterada para resucitar a Bárcenas en pleno debate. Solo Rivera citó estos asuntos, de pasada, como sucedió igualmente con  la casa de Pablo Iglesias, objeto de polémica potencial segura.

 

El papel de RTVE

 

Rosa María Mateo recibió a todos los candidatos a la puerta de las instalaciones. Todos la besaron menos uno, Pablo Iglesias, que se limitó a darle la mano. La Administradora de RTVE fue la segunda persona más incómoda durante la noche tras el propio Pedro Sánchez: hierática, seria y casi inmóvil, su gesto corporal en los escasos minutos en que se vio su imagen, lo decían todo. Parecía la Madrastra de todos, en horas bajas: en lugar de regañar, la regañaban.

 

 

La imagen de unas limpiadoras pasando la mopa por el plató, con la señal ya en directo, es una metáfora de cómo ha gestionado todo RTVE: ayudó a que no hubiera debates, después se hizo la ofendida con el Gobierno por dejarla en evidencia ante la insistencia en el suyo de Atresmedia y, por último, apañó el formato a toda prisa. Con la casa sin barrer.

 

Del hambre infantil... al IVA de las mascotas

 

Sánchez recuperó como tema algo que Podemos dejó de decir hace ya cuatro años: la pobreza infantil, citada por el socialista como uno de los graves problemas de España. Tan poco verosímil le debió parecer al autor original de la queja, Pablo Iglesias, que ni le dedicó unos segundos: prefirió hablar de la necesidad de bajar el IVA... a los veterinarios.

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