26 de abril de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

¿Por qué Vox?

¿Qué explica el repentino crecimiento de Vox? ¿Es la España cansada de tener que pedir disculpas incluso cuando la insultan? El autor da algunas claves sobre todo ello.

 

 

Ha ocurrido todo en un abrir y cerrar de ojos. No estaban ni se les esperaba, y de repente aparecieron desbordados en Andalucía. Su líder Santiago Abascal tiene fotos de hace cuatro días subido en un banco con un megáfono en la mano hablando para tres señoras mayores, un hombre con un perro y un chaval con la camiseta de la selección.

Ahora las fotos son saliendo por la puerta grande de la plaza de toros de valencia en loor de multitudes al grito de “presidente”. Al resto de formaciones políticas les ha pillado con el paso cambiado, me los imagino cual Mourinho en rueda de prensa:

¿Por qué?

La primera explicación a Vox la encuentro en las redes sociales. Es imposible pretender alcanzar cotas de poder político sin el apoyo explícito de los medios de comunicación de masas. Por ejemplo, nadie entendería el fenómeno Podemos sin las miles de horas en La Sexta, full time; mañana, tarde y noche en pantalla hasta que consiguieron colarlos en aquellas elecciones europeas de 2014.

Pero si a Vox nadie le daba bola en los Mass Media entonces ¿Por qué…?

La respuesta es sencilla. Hoy en día plataformas como Twitter y Facebook permiten a cualquiera entrar en las casas de todos los españoles sin la ayuda de los grandes grupos empresariales audiovisuales que a base de muchos millones sostenían al resto de partidos.

La gente se cansó de que cada vez que ante semejante humillación alguien respondía harto: “a la mierda hombre ya”, apareciera el Évole o el Buenafuente de turno para decirte: “Esa actitud no ayuda”

Hace apenas 30 años podías dominar la opinión general en España sólo controlando La Ser y El País. Con un Cebrián y un Gabilondo tenías asegurados millones de votos.

La aparición de nuevos canales de televisión y radio, sumado al poder de adoctrinamiento de nuevos gurús del entertainment amplio la oferta de líderes y partidos por la demanda de gente cansada de tanta corrupción y establishment, aunque en este punto, la situación todavía estaba controlada.

Todo lo anterior ya no sirve para explicar el presente.

En pocos años las redes han permitido que cualquier cosa que diga cualquier supuesto referente en algo sea contrarrestada de inmediato por una persona sin más poder que su móvil y una conexión a internet. Y eso en estos días es mucho poder.

El auge

Así que Lady Charleroi, que es un unicornio rosa con el cuerno azul, desmonta con un hilo de Twitter todo lo que una gran multinacional ha intentado grabarte en tu cerebro como dogma de fe, empleando millones en el empeño.

“Se puede engañar a todo el mundo un tiempo, se puede engañar a unos pocos todo el tiempo… pero no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo”.

 

Pretender explicar el auge de Vox por el repentino aumento de población en España de extrema derecha, perversos fascistas que quieren que las mujeres mueran y los niños se ahoguen en el Mediterráneo, no es más que una estrategia política desesperada de la izquierda más inculta y guerracivilista de Europa.

La española, que a falta de proyecto e ideas, limita todo su poder a la vieja teoría marxista de dividir a los pueblos en dos mitades, señalar a una como causante de todos los males y hacer que la otra la odie hasta el punto de perder toda capacidad autocrítica hacia las personas que les guían en ese odio, materializado casi siempre con la enésima lucha inventada para alcanzar el poder, ya sea esta lucha de clases, de sexos, de razas o de lo que se tercie.

 

 

Pero para irrumpir de repente con la fuerza con la que lo ha hecho Vox también se necesita, no lo vamos a negar, una pizca de suerte, una chispa que haga que todo salte por los aires, y en este caso, fue Cataluña.

En Cataluña los españoles fueron testigos de la esencia de la Spanish Politik. El gobierno, que podía haberse asegurado una década de mayorías absolutas de haber sido valiente, manseó en tablas. Su respuesta ante el mayor reto de la democracia en España desde el 23F fue no hacer nada, quedar paralizado.

La oposición también hizo lo de siempre, aprovechar el momento para hacer política de partido y no de estado. Los nacionalistas no iban a cambiar ahora después de 40 años, así que tras insultarnos, escupirnos, y amenazarnos, pues se hicieron las víctimas, para variar.

Los españoles ya no sabían para dónde mirar sin que les embargara una sensación de hastío y abandono, y de repente aparecieron unos hombres de verde diciendo que los delincuentes se tienen que ir a prisión, sea cual sea el estatus de quien delinque; que a los policías que están dando la cara mientras todos los demás la esconden se les defiende, no se les deja tirados; que a los jueces valientes que no temen al poder se les protege y que en las calles tienen que ganar los buenos, no ser espacios de impunidad para los malos… que de hecho, no debe haber paz para los malvados.

Los insultos

¿Acaso no era eso lo que llevaba meses diciendo ese camionero de Huelva cada vez que paraba a comer, esa enfermera de Albacete cada vez que se sentaba a tomar el pincho?

Sí, era exactamente eso.

La gente se cansó de que nos escupieran e insultaran, se cansó también de que cada vez que ante semejante humillación alguien respondía harto: “a la mierda hombre ya”, apareciera el Évole o el Buenafuente de turno para decirte: “esa actitud no ayuda”.

Y en estas estamos oigan. Ya no hay miedo a decir lo que se piensa, ya no hay miedo a que te llamen facha, ya no hay miedo a que te señalen los rebaños de uniformidad intelectual de la izquierda, ya no hay miedo… y eso la gente lo agradece. Han propiciado un espacio de seguridad y confort en el que muchos españoles se sienten a gusto.

 

 

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