Chernóbil capital Madrid

El cambio climático ya ha dado vida a un ministerio, a una vicepresidencia en la Generalitat Valenciana para contentar a Podemos y a no sé cuántos organismos más

Hace cinco años Madrid estaba llena de niños desnutridos por las esquinas. Millones de niños. El PP gobernaba y los madrileños necesitaban salir de esa situación de pobreza extrema propia de Burundi. Se llegó a crear un estado de opinión en el que se daba por cierto esto, con noticias en los medios, que llevó a la Comunidad de Madrid a anunciar que abriría en verano los comedores escolares para que las jaurías de niños hambrientos pudieran saciar su necesidad. Al final sólo 30 niños pidieron el servicio, llegó Carmena al Ayuntamiento y nunca más se supo del tema. Los millones de niños hambrientos desaparecieron por arte de magia.
Cinco años después el PP vuelve al Ayuntamiento, ahora apoyado por los falangistas de Ciudadanos (esos que según la diputada más joven del PSOE son peores que Bildu) y la turboultraextrema derecha de Vox, y vuelve a aflorar la preocupación de la izquierda patria.

Claro, lo de los niños hambrientos ya no cuela, por eso de que si me engañas una vez la culpa es tuya pero si me engañas dos es mía, así que hay que sacar nuevos apocalipsis a relucir.
El nuevo apocalipsis es la contaminación. Ese que va a matar a todos los niños otrora hambrientos porque la derecha mala malísima quiere cambiar Madrid Central (uno de los motivos, por cierto, por los que la izquierda ha perdido, pero ellos no alcanzan a entenderlo porque nunca se equivocan).

Ni un mes lleva Martínez Almeida de alcalde y todos los días es Trending Topic ‘Madrid Central’ con mensajes presagiando el fin del mundo. Si hay ola de calor es por derogar Madrid Central. Los niños ahora van a ir con máscaras al colegio si se deroga Madrid Central. Hasta el diario El País titulaba, en un rizar el rizo que parecía más El Mundo Today, que con Madrid Central estábamos más delgados.
Prepárense para el desastre nuclear en el nos van a convertir Madrid. Denles sólo un mes. Cualquier día Errejón tuitea una foto de Hiroshima diciendo que es Madrid. Y frente a esto, una izquierda que se apunta al relato del cambio climático como si fuera el chocolate del loro.

Han convertido el tema en causa para crear chiringuitos, fundaciones y todos esos entramados públicos llenos de sueldos, asesores y amiguetes que tanto les gusta. El cambio climático, reconvertido en emergencia o transición, ya ha dado vida a un ministerio, a una vicepresidencia en la Generalitat Valenciana para contentar a Podemos y a no sé cuántos organismos más.

¿Medidas o efectos? Va, eso para qué, con las buenas palabras arreglan ellos todo. Si no, que se lo digan a Pedro Sánchez, que se va a Granada a inaugurar un AVE, echa la chapa del transporte ecológico y sostenible, y sin ninguna necesidad se vuelve en Falcon gastando el equivalente a 300 coches diésel (esos que el gobierno quiere prohibir). Con un par.
En Madrid ya no hay magdalenas y la izquierda llora. Ahora es una mezcla de Chernóbil con ciudad del Tercer Reich donde los nazis y la contaminación nuclear campan a sus anchas. Da igual que las carmenadas no tuvieran efecto en la legislatura pasada en la lucha contra la contaminación y la gente lo expresara así en las urnas, da igual que el orgullo gay se vaya a celebrar con la absoluta normalidad de siempre…

Madrid es ahora una ciudad mala malísima en el relato que nos van a vender. En tu conciencia quedará comprarlo o no. Recuerda: si te engañan varias veces la culpa será tuya.

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