22 de octubre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Celáa, un desastre educativo agravado por un sectarismo ideológico insoportable

Isabel Celáa

Isabel Celáa

Tras un curso caótico como ninguno, Educación despista a todos con decisiones contradictorias para el próximo y antepone sus prejuicios políticos a una gestión preventiva seria.

 

 

A poco de acabar el curso más extraño, caótico y probablemente improductivo de la historia, es imposible saber del todo qué van a estudiar, cómo y dónde los niños y chavales de España el próximo curso. El Ministerio de Educación ha presentado su “guía definitiva”, que puede acabar siendo tan provisional como casi todo lo que ha anunciado hasta la fecha Isabel Celáa.

Ahora dice que las ratios de alumnos por clase serán flexibles. Hace una semana hablaba de dar las clases al aire libre aprovechando el buen tiempo. O de dividir a los alumnos, de manera que unos asistieran físicamente a las aulas y otros aprendieran desde casa. Y también llegó a anunciar la creación de “grupos burbuja” reducidos para minimizar el riesgo de contagios que, de repente, serán menos "burbuja" y más masivos.

En resumen, nada de lo dicho sirve ya, y se acabará aplicando lo que cada Comunidad Autónoma quiera, extendiendo al terreno educativo la ceremonia de traspaso de responsabilidades a las regiones al coste que sea.

 

 

Si el Estado de Alarma fue hasta el domingo el caprichoso ejercicio del poder absoluto; la nueva normalidad está siendo la consagración de la indiferencia gubernamental, con los rebrotes como síntoma de las consecuencias que todo ello puede tener.

¿Nueva Ley?

Para rematar el lamentable paisaje, cabe recordar que aun en este contexto tan frívolo, Celáa y su Gobierno han comenzado los trámites para aprobar una nueva Ley Educativa que antepone los criterios ideológicos al carácter instructivo de la escuela.

No saben cómo garantizar los más elementales pilares de la educación en España, un país lastrado por el fracaso y el abandono escolar, pero imponen una visión educativa doctrinal adaptada a los prejuicios políticos del Ejecutivo y de sus socios.  Un desastre, en fin, sin paliativos.

Comenta esta noticia