24 de agosto de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Las irresponsables vacaciones de Sánchez con un país bloqueado y cuesta abajo

 

 

Pedro Sánchez, como cualquier persona, tiene derecho a unos días de descanso tras una temporada de trabajo, y en ese sentido sus vacaciones en Doñana debieran ser asumidas con normalidad, como lo fueron las de todos sus antecesores.

Pero hay un matiz que anula esa evidencia y convierte su asueto en una especie de burla para la ciudadanía. Y es que, al igual que un alumnos con suspensos suele quedarse en casa estudiando para recuperar las asignaturas pendientes, un líder político digno de tal condición no puede marcharse a disfrutar del ocio cuando tiene el país manga por hombro.

Y ése es el caso de Sánchez, que ha convertido la política nacional desde 2015 en un continuo avispero, por distintas razones pero siempre con un punto en común: sus necesidades y aspiraciones personales.

Otro verano agitado más

El verano de 2016 estuvo marcado por la repetición de las Elecciones Generales de 2015, fruto de una obcecación personal que paralizó institucionalmente España durante un año. Y el del año pasado quedó señalado por la moción de censura, prolongación funesta de su falta de aceptación de unos resultados electorales que le disgustaron y revocó aliándose con Podemos y el secesionismo.

Por mucho que el sanchismo nos haya acostumbrado a todos a este tipo de imágenes, conviene insistir en su anormalidad y advertir de los riesgos que comporta tanta frivolidad 

En esta ocasión, y con las urnas a su favor, tampoco ha sido capaz de darle al país la mínima estabilidad necesaria para arrancar el curso político con normalidad y atender desafíos tan relevantes como la crisis territorial o la incipiente desaceleración de la economía.

Aunque con Sánchez la responsabilidad siempre es de otro, se llame Rajoy o Iglesias, ni toda la maquinaria mediática que le respalda puede esconder la evidencia de que la culpa es suya: a él le corresponde encabezar las gestiones y el diálogo para hacer viable una investidura, y hasta la fecha no ha hecho otra cosa que intentar forzar a todos a que se la regalen de manera gratuita.

La pantomima de las entidades sociales

La pantomima en marcha de generar una especie de programa de Gobierno respaldado por entidades sociales utilizadas de atrezzo para su función, no esconde la certeza de que el líder del PSOE ha dejado a España sin Gobierno mientras él se marchaba de vacaciones a un privilegiado rincón de la naturaleza sostenido con fondos públicos.

Y por mucho que el sanchismo nos haya acostumbrado a todos a este tipo de imágenes, conviene insistir en su anormalidad y advertir de los riesgos que comporta tanta frivolidad en momentos tan delicados. Con un suspenso tan rotundo, todo lo que no sea hincar los codos para superar la nota negativa es, simplemente, inaceptable.

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