20 de septiembre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El mayor bulo y más preocupante es el que cada día difunde el Gobierno

Moncloa es la mayor maquinaria de propagación de bulos para tapar su responsabilidad en la magnitud de la pandemia: acallar la crítica es un burdo intento de esquivar su responsabilidad.

 

 

El Gobierno ha emprendido, desde la propia investidura de Pedro Sánchez y con especial intensidad  en plena pandemia, una auténtica cruzada contra la libertad de información y el derecho a la crítica que, con la excusa de perseguir los bulos, pretende cercenar o limitar uno de los pilares de un estado democrático.

Todo ello forma parte de una "Estrategia Nacional contra la Desinformación" que el propio presidente anunció en enero, un eufemismo que esconde una perversa intención descrita, de manera escandalosa, por un alto mando de la Guardia Civil, el general Santiago, en una insólita comparecencia pública.

En ella, leyendo un papel, anunció que una de las líneas de trabajo del Cuerpo era "minimizar" las críticas al Gobierno, una confesión involuntaria o premeditada pero en todo caso inaceptable que no puede ser incluida en el capítulo de los "lapsus".

Un error puede ser el uso incorrecto de una palabra, pero no el desarrollo completo de una idea  que además enlaza con demasiadas iniciativas, decisiones y mensajes del Gobierno en esa misma dirección, más propia de la Alemania del Muro de Berlín que de una democracia moderna.

Por que en las últimas semanas, el confinamiento ha ido acompañado de demasiados indicios de que el Gobierno intenta tapar sus monumentales errores y la incipiente indignación de la opinión pública con una regresión de libertades.

 

 

Desde monitorizar las redes sociales, como anunció el ministro Marlaska, hasta implantar la geolocalización de los ciudadanos a través de sus móviles. Y no termina ahí la estrategia: el propio confinamiento, más derivado de los errores del Gobierno para frenar a tiempo el coronavirus que de la gravedad intrínseca del COVID-19, es una coacción de derechos fundamentales, quizá inevitable pero en todo caso evidente.

Y hay más. El uso del CIS para  intentar convertir a los españoles en cómplices de la censura gubernamental; los discursos del vicepresidente Iglesias contra los medios de comunicación privados; el nombramiento de una ministra como Fiscal General para controlar los procesos judiciales; las subvenciones millonarias a las televisiones para tenerlas controladas o el uso abusivo de RTVE como aparato de propaganda inciden en una línea peligrosa e inquietante.

 

Que se resume en una idea: convertir la crítica documentada y razonable en un bulo para que prevalezcan los bulos que el propio Gobierno difunde, a diario y sin pudor, para tapar sus evidentes responsabilidades en la magnitud que el coronavirus tiene en todos los órdenes en España.

El Gobierno de los bulos

Porque no hay bulo mayor que intentar acallar la mortandad de España, única en el mundo y muy superior a la de que casi todos los países, con un relato falaz y lleno de mentiras que presenta ese drama exclusivo del país como una fenómeno equiparable al de resto y por tanto inevitable.

En España han muerto 428 personas por cada millón de habitantes, siete veces más que en la vecina Portugal. Y decir que esa desproporción es una mera casualidad es un bulo mayúsculo que este Gobierno quiere esconder por el represivo método de utilizar los recursos del Estado para acallar la crítica y asentar su engaño en una sociedad encerrada en su casa.

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