11 de agosto de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Monedero y el doble rasero: los periodistas que sí le gustan a Podemos

Las jornadas de Podemos en 2017, con Fallarás, Berlín y Rodríguez

Las jornadas de Podemos en 2017, con Fallarás, Berlín y Rodríguez

Unas imágenes de no hace tanto rescatan el doble rasero de Podemos con la prensa y dejan en muy mal lugar sus valores y su respeto a la libertad de expresión.

 

 

A Juan Carlos Monedero le sigue perdiendo su ansia de protagonismo. Y es que el de Podemos tiene tiempo para excomulgar a periodistas que han pasado a desarrollar su trabajo en la comunicación política (de ámbito conservador, claro) o viceversa.

Nombres como Pablo Montesinos (de “Libertad Digital” a la Vicesecretaría de Comunicación del PP) o María Claver (durante un tiempo, responsable de Comunicación en el Ministerio de Exteriores con García-Margallo, que no debió ser un paseo, viendo el carácter del personaje), entre otros, a los que Monedero no otorga su plácet.  

La reflexión del susodicho es de tal calado que demuestra la ‘adolescentización’ de Podemos y quienes susurran en el entorno de su secretario general. ¿Habría que aplicar el mismo baremo a periodistas que ocuparon responsabilidades de comunicación en la formación morada desde sus inicios? ¿Un Luis Giménez, procedente de “Público” (y ahora en el errejonismo) o una Laura Casielles, que pasó por la agencia Efe? Se contesta solo.  

El problema reside en el uso de la descalificación por motivos ideológicos y sectarios de algo perfectamente normalizado en el oficio periodístico: el paso del periodismo activo a la comunicación y viceversa. Ponerse en plan exquisito con esa cuestión, como pretende Monedero, equivaldría a expulsar de esta labor a la mitad de la profesión. A no ser que sea eso lo que se pretende.  

Por esa regla de tres, ¿qué tendríamos que hacer con los nombres periodísticos que han pasado por las Universidades de Verano de Podemos? ¿Entendemos como operativos políticos morados, según la lógica ‘monedera’, a Enric Juliana, el delegado de “La Vanguardia” en Madrid, una mano a Iglesias y otra al conde de Godó? ¿O al editor de “Mongolia”, Pere Rusiñol, a Fernando Berlín o al bueno de Gregorio Morán?

 

¿Hacemos lo mismo con Esther Palomera u Olga Rodriguez, de “Eldiario.es”, presentadora de actos de confluencias varias y debates entre colegas de partido, varios de ellos arrojados ahora a la cuneta de la Historia tras Vistalegre II y sus purgas?

¿Y con Andrés Gil, con lazos sentimentales con una responsable de Comunicación de IU, ahora en el Ministerio de Igualdad de Irene Montero, ambos habituales de las parrilladas del Líder Supremo en el adosado de Rivas y que fue presentado como candidato morado a presidir RTVE? 

 

 

Pero, sobre todo, ¿qué hacemos con Roures, el ‘tovarich’ de Monedero? Un día le pone una vela al fantasma de Trotsky, otro al preso Junqueras, los viernes a Puigdemont y en los festivos a la derecha dura de Javier Tebas, con permiso de Marion Marechal Le Pen, siempre y cuando haya dinero por medio. Que al fin y a la postre, se trata de adorar al becerro de oro.

Y, por medio, militar, que es la misma excusa que aquellos que van al burdel y luego a misa, como dijo en su momento aquel Iglesias justiciero, asaltante de cielos. Otros tiempos, claro. Como esos memes del perrazo y el perrito.

 

 ¿Y con Dina, la antigua ‘fan’ de Mohamed VI, reconvertida en panfletista a sueldo de Podemos (quien pasa el cepillo entre la militancia, amigos, otorga)? ¿Qué hacemos con Dina si no se puede pasar de la política al periodismo y viceversa? 

¿A todos ellos, según la tesis de Monedero, se les debe negar el pan y la sal? ¿O sólo a aquellos excomulgados por este trabucaire podemita,  que sí reparte credenciales de periodismo a los que se mueven en su círculo ideológico? La respuesta, según él, ya la sabemos.  

Cuanto más revolotea la toga negra de García Castellón, más de éstas habrá. Al tiempo. 

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