23 de mayo de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Cárceles en España: la voluntad de hacer nada

Las prisiones españolas están a punto de estallar: agresiones, poco personal, baja seguridad y una sensación de indiferencia que los responsables de los trabajadores explican y denuncian.

Si han seguido la actualidad penitenciaria durante estos meses, sabrán que desde primeros de año las movilizaciones del sector han sido continuas.

Las demandas y reivindicaciones deben serles ya de sobra conocidas: más personal, mejor formación y dotación de medios materiales, revisión salarial, carrera profesional real, concursos de traslados anuales, adecuación a la realidad social actual…. En definitiva, una revisión, transformación y modernización profunda de la Institución.

Estas reivindicaciones dieron comienzo bajo el gobierno del Partido Popular, mandato que vino marcado por un inmovilismo vergonzante, donde lo más destacado fue dejar pasar el tiempo sin hacer nada. Bueno, algo si se hizo, aumentar la inseguridad e introducir la seguridad privada en las prisiones.

 

Conscientes del abandono sufrido y de la falta de voluntad negociadora de esa administración, se tomó la determinación de echarnos a la calle y hacer público las necesidades que el gobierno nos negaba.

El resultado, ningún cambio y sufrir la represión en nuestras carnes, con compañeros gravemente heridos como consecuencia de actuaciones policiales absolutamente desproporcionadas e injustificadas.

La falta de personal, medios y formaciónrepercute en la seguridad. Y a mayor inseguridad, más agresiones

El cambio de Gobierno supuso una pausa en nuestras movilizaciones, a la espera de conocer el talante y planes del PSOE con respecto a la Administración Penitenciaria.

Lamentablemente, pese a lo que pudiera parecer en un principio, con declaraciones y guiños conciliadores, nos hemos vuelto a dar de bruces con la realidad. En una reciente reunión con el Secretario General, se ha podido comprobar que, a priori, pocos cambios debemos esperar de esta Administración.

Bajo la premisa del mantra del no hay dinero (no lo hay para según qué cosas), el Secretario General nos vuelve a negar la revisión salarial para este año, siendo el único cuerpo dependiente del Ministerio del Interior que queda excluido de dicha mejora. Del mismo modo, tampoco garantiza que este año pueda celebrarse el concurso de traslados, con el menoscabo en la conciliación de la vida laboral y familiar que ello supone, por no hablar de la imposibilidad del desarrollo de la carrera profesional que lleva aparejado.

En cuanto a otros asuntos más acuciantes aún si cabe, como pueden ser la oferta extraordinaria de empleo público que ponga fin a la carencia de plantilla y rejuvenezca a ésta, un plan estratégico sobre formación real y constante o mejor dotación de medios con los que trabajar, todo ello con la finalidad de poner fin a la sangría en forma de agresiones que venimos sufriendo en los últimos años, ni siquiera hizo mención.

La seguridad

Recientemente, el Señor Presidente del Gobierno, con motivo de sus 100 primeros días al frente del Ejecutivo, decía inspirarse en la Justicia Social para llevar a cabo su política. Sin duda es un objetivo loable y muy plausible. Pero, y ahora yo me pregunto, ¿acaso no es Justicia Social velar también por los intereses del colectivo que forma la toda Administración Penitenciaria?

No somos tontos y somos conscientes del medio, por lo que sabemos que las agresiones no desaparecerán

Y cuando digo toda, me refiero a los trabajadores, si, pero también lo hago a los internos, porque, que no se olvide, la mayoría de las carencias que padecemos repercuten directamente sobre la población reclusa.

La falta de personal, medios y formación en el área de vigilancia, repercute en la seguridad. Y a mayor inseguridad, mayor número de agresiones, menor número de incautaciones, mayor número de sobredosis, menor control sobre el radicalismo yihadista

Por otro lado, la falta de personal en el área tratamental, con la carencia de profesionales tales como psicólogos, educadores o trabajadores sociales, con la consiguiente carga de trabajo que soportan debido a ese déficit, repercute en un peor seguimiento y evaluación de los internos. Ésto termina reflejándose negativamente  en los programas individualizados de tratamiento, en la reeducación y en la reinserción, ejes sobre los que se fundamenta la Administración Penitenciaria de nuestro País.

Cuestión humanitaria

Y por último, pero no menos importante y que debería ser motivo de vergüenza, es la enorme escasez de profesionales sanitarios que ponen en gravísimo riesgo las vidas de los reclusos. ¿Qué valor le queremos dar a esas vidas? Hablamos de una cuestión humanitaria.

Y de todas estas carencias y sus consecuencias son conscientes nuestros políticos, los actuales y los pasados. Pero aquí seguimos, sin cambios, sin nadie que afronte verdaderamente la transformación que necesita el sistema penitenciario, más allá de ligeros lavados de cara que poco sirven para mejorar las cosas.

 

 

Quizás se deba a que las cárceles no ofrecen ni votos ni rédito político, salvo cuando se usa para hablar de acercamientos de presos o presos políticos. O quizás, buscando un motivo aún más oscuro, lo que se busca es dejar pasar el tiempo a la espera de que el sistema termine desangrándose y colapsando, para que, llegados a ese punto, sea mucho más sencillo “vender” un cambio e introducir una institución penitenciaria privatizada.

 

Sea cual sea el motivo, más de 22.000 profesionales y 50.000 internos estamos instalados en una deriva que no deja de poner en riesgo nuestra salud e integridad física.

Por último, me van a permitir que me dirija directamente al Secretario General. Señor Secretario, en la última reunión que mantuvo usted con las organizaciones sindicales, cuando éstas le hicieron referencia al elevado número de agresiones que venimos sufriendo y le preguntaron qué pensaba hacer usted al respecto, su respuesta, desafortunada a mi forma de ver, fue la de considerar aceptables las cifras comparándolas con las de Francia o Inglaterra.

Las agresiones

Desde aquí, quisiera decirle que, mire usted, en lugar de buscar comparaciones interesadas (podría comparar también el equipamiento de los profesionales penitenciarios de esos países con los nuestros), debería buscar fórmulas que permitan terminar con la sangría que llevamos sufriendo en nuestras carnes los últimos años.

No somos tontos y somos conscientes del medio en el que trabajamos, por lo que sabemos que las agresiones no desaparecerán. Pero con interés y voluntad, voluntad de cambio y mejoras, ya le digo que podría verse significativamente disminuido su número. Háganos un favor y póngase a ello, nuestra carne, músculos y huesos se lo agradecerán.

(*) Portavoz de Funcionarios de Prisiones Reunidos

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