25 de junio de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El día que Colón vendió el Nuevo Mundo

El 20 de enero de 1486 el célebre navegante relató por primera vez a los Reyes Católicos su proyecto para cruzar la “Mar Océana” en busca de un camino más directo a las Indias.

Colón y el descubrimiento de América nunca dejan de dar sí. El nebuloso origen del navegante es motivo de constantes polémicas y divagaciones. Y de un tiempo a esta parte, por mor de las modas revisionistas, la llegada de los europeos al nuevo continente es objeto de repulsa. Prueba de ello es que a punto ha estado de ser retirada la escultura de Colón ubicada en el Central Park en Nueva York, porque según algunos colectivos sociales de la Gran Manzana alentaba “el odio y el racismo”. Sea como fuere, tanto el almirante como el descubrimiento comenzaron a entrar en la historia hace ahora justamente 532 años, con ocasión de la primera reunión que los Reyes Católicos accedieron a celebrar sobre el asunto.

Ocurrió en Alcalá de Henares, la histórica ciudad situada a treinta kilómetros de Madrid. El día en que Colón vendió el Nuevo Mundo fue viernes. Y no fue fruto de la casualidad que aquel misterioso mercader metido a geógrafo visionario relatara y ofreciera a los Reyes de Castilla y Aragón, en persona y por primera vez, su proyecto para llegar a las Indias siguiendo la nueva y arriesgada ruta del Poniente en una audiencia con escenario complutense.

 

Colón ante los Reyes Católicos, en una pintura de Von Brozik.

 

El 20 de enero de 1486 los reyes Isabel y Fernando llevaban tres meses residiendo en el Palacio que los Arzobispos de Toledo poseían en Alcalá de Henares, título que regentaba en aquel momento el poderoso cardenal Pedro de Mendoza. El gran prelado, conocido como el ‘tercer rey’, unía la primacía eclesiástica y el linaje de una de las familias nobiliarias de más alta alcurnia. Y continuó la tradición de sus predecesores de acoger a los reyes castellanos en su gran palacio fortificado de Alcalá, un tesoro de la arquitectura renacentista que sufrió daños irreparables en un incendio en el verano de 1939.

¿Pero qué circunstancias se dieron para que aquella entrevista, la primera de sueño americano, se produjera en el suntuoso palacio alcalaíno?

Cristóbal Colón llevaba casi una década alumbrando su empresa comercial de las Indias. Miles de páginas han buceado, y aún lo hacen, en sus oscuras raíces (genovesas, catalanas, mallorquinas…); la forma en que concibió la idea de cruzar la “Mar Océana” en busca de las Indias o de una tierra nueva (marinos anónimos que, arrastrados por tormentas, habían encontrado islas al otro lado del océano y de cuyos relatos tuvo conocimiento directo en Portugal); y la peregrinación en busca de apoyos para la empresa.

Colón llevaba una década preparando su empresa comercial de la nueva ruta hacia las Indias antes de llegar a los Reyes Católicos

Respecto a esto último, fue definitiva la ayuda de fray Antonio de Marchena, el religioso del Monasterio onubense de La Rábida. El franciscano le prestó asesoría técnica, redondeando el proyecto con testimonios de sabios y mapas antiguos; y le redactó cartas de presentación para los personajes principales de la Corte, con el objeto de llegar hasta los soberanos.

A mediados de 1485, con Isabel y Fernando en Andalucía enfrascados en la conquista del reino nazarí de Granada, Colón realizó su primer acercamiento. Su oferta fue clara y rotunda: un camino directo a las Indias atravesando el inmenso mar que podía procurar a Castilla y Aragón riquezas inagotables y un horizonte infinito de evangelización. Con esta propuesta se dirigió al Consejo Real en Córdoba. La primera respuesta fue negativa, aunque los consejeros tomaron nota de la extravagante idea.

La reina, de parto

Mientras Colón se reponía del primer revés en su intento de llegar a los monarcas, éstos se preparaban para una larga estancia de descanso obligada por el avanzado estado de gestación de la reina. Y tenían previsto aprovechar, una vez más, la hospitalidad del cardenal Mendoza.

 

Plaza de armas de Palacio Arzobispal de Alcalá de Henares, donde tuvo lugar la primera entrevista entre Colón y los reyes el 20 de enero de 1486.

 

A partir de aquí, es preciso seguir el relato del catedrático Juan Manzano Manzano, una de las autoridades en la vida y obra de Cristóbal Colón, y de los pocos investigadores que ha reunido los escasos datos existentes sobre la primera cita del almirante con los soberanos. Según este profesor madrileño, los reyes llegaron a Alcalá el 24 de octubre de 1485, en compañía de la corte. Y aquí pasaron todo el otoño, que según los cronistas de la época fue de los más crudos que se recordaban en el lugar, con lluvias torrenciales y vientos huracanados. A finales de aquel otoño terrible, el 15 de diciembre, Isabel dio a luz a una niña, la infanta Catalina, que con el tiempo llegaría a ser la desdichada reina de Inglaterra, causante involuntaria del histórico cisma anglicano al negarse a conceder el divorcio a Enrique VIII.

Entretanto, Colón había seguido haciendo gestiones entre religiosos y nobles con vistas a acercarse a los monarcas. Y, al parecer, arribó a Alcalá a los pocos días del desembarco real. El profesor Manzano refiere, al respecto, una crónica de Francisco Henríquez de Jorquera en la que narra cómo Colón partió hacia la villa complutense “a donde los reyes estaban, tan maltratado y solo que perdían mucho crédito sus raçones, que casi todos lo dudaban”, pasando antes por la vecina Guadalajara “y se vido con el duque del Infantado”, en la búsqueda de recomendaciones para concertar una audiencia real.

El embarazo de la reina impidió la celebración inmediata de la recepción. Pero Colón no se dio por vencido y es muy posible que aguardara en compañía de su hermano Bartolomé el ansiado parto y la reanudación de las audiencias en la misma Alcalá, muy cerca de las murallas del palacio, durante todo aquel otoño frío y lluvioso como no se conocía en la ciudad en muchos años.

De rodillas ante Isabel y Fernando

Al alumbramiento de Catalina siguió el bautizo, las celebraciones en la corte y la cuarentena de la reina, de modo que Colón tuvo que echarle paciencia unas cuantas semanas más. Al fin se fijó para el 20 de enero de 1486 la primera tanda de audiencias reales y una de ellas fue, finalmente, para el navegante.

El navegante tuvo que esperar a que la reina diera a luz a la infanta Catalina, futura reina de Inglaterra, para ser recibido

Se celebró un viernes porque era el día de la semana elegido para que los reyes atendieran las visitas. De acuerdo con el protocolo, en una de las estancias del palacio, Colón se encontró a los reyes sentados en altos sillones; les besó las manos; se arrodilló delante de ellos en un cojín, y tras obtener su venia se dispuso a contar su negocio.

Entre citas de sabios antiguos y modernos, cifras marineras y el despliegue de un mapamundi que recogía geografías lejanas y exóticas, Colón ofrecio a los reyes la isla de Cipango, el Cathay y el Nuevo Mundo, en una ruta marítima siguiendo el trayecto del sol hacia Occidente y presuponiendo la redondez de la Tierra. Eso, al menos, se desprende del único testimonio que nos ha llegado de esta primera entrevista, el del bachiller Andrés Bernáldez, cronista del reinado de los Reyes Católicos, del que se sabe que fue confesor de la reina y amigo personal de Colón, a quien tuvo como huésped en su casa durante días al regreso de su segundo viaje al Nuevo Mundo.

El breve relato del encuentro es el siguiente: “Les fizo relación de su imaginación; al cual tampoco no daban mucho crédito, e él les platicó muy de cierto lo que les dicía e les mostró el mapamundi, de manera que les puso en deseo de saber de aquellas tierras… e dexando a él llamaron a hombres sabios, astrólogos e astrónomos e hombres de la arte de la cosmografía, de quien se informaron”.

Esto último fue lo que resolvieron los reyes tras escuchar la extraña y atractiva propuesta de aquel extranjero, planteada con aplomo y persuasión: trasladar el asunto a los sabios. Y fue así como despacharon a Colón, remitiéndole a la junta de expertos formada por fray Hernando de Talavera.

A finales de 1486, el mercader metido a geógrafo visionario se enfrentó en Salamanca a un tribunal de astrónomos, cosmógrafos, astrólogos y navegantes, que habían examinado a fondo su ‘venta’. Y vinieron luego más exámenes, más entrevistas y, al fin, la anhelada singladura. Pero esas historias son más conocidas.

 

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