16 de julio de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El monstruo final

Nocioni se conserva en vinagre para salir a matar cuando el equipo lo necesite.

Nocioni se conserva en vinagre para salir a matar cuando el equipo lo necesite.

Tres cosas, sin contar el campo atrás, hay claras en la vida: los impuestos, la muerte y que cuando el partido se pone chungo siempre puedes confiar en Nocioni.



Miraba con envidia a Vitoria a principios de siglo. ¿Por qué está con ellos y nosotros nos tenemos que conformar con jugadores de segunda fila? Coincidió su pico de rendimiento con una época en la que la sección de baloncesto del Real Madrid bailaba entre los ridículos y la desaparición. Años después, Florentino decidió que en vez de abandonar el deporte ese de los canastos a su suerte iba a apostar a muerte por él, es decir, iba a soltar la guita, pero Nocioni ya estaba rodeado de figuras haciéndolo bien en la NBA. Cuando allí se le acabó el cuento de hadas ya nos habíamos olvidado un poco de él, y sucedió lo lógico: volvió a la capital alavesa, su casa.

En lo que se supone que es el ocaso de un deportista, con casi 35 años, ficha por el Real Madrid. Cuando se supone que los jugadores están ya más pensando en arañar unos últimos buenos contratos sin pensar demasiado en su ya casi finiquitada carrera deportiva, resulta que Andrés Nocioni se adapta a lo que definirá sus últimos años de básquet: conservarse en vinagre para salir a matar cuando el equipo lo necesite. Tres cosas, sin contar el campo atrás, hay claras en la vida: los impuestos, la muerte y que cuando el partido se pone chungo siempre puedes confiar en Nocioni.

Con su cara de hobbit, la rabia de un enano y la sabiduría de los inmortales elfos, salta a la cancha sin importarle cuánto queda



El Chapu es el monstruo final al que tienes que vencer si quieres alzarte con el partido. Y así lo utiliza Pablo Laso. Cuando todo falla, cuando ya nada funciona y en nadie puedes confiar, siempre queda él. Con su cara de hobbit, la rabia de un enano y la sabiduría de los inmortales elfos, salta a la cancha sin importarle cuánto queda, cómo va su equipo y qué está en juego. Simplemente sale y hace lo que mejor sabe: dejarse, como él mismo dice, el corazón en la pista. Y vaya que si lo hace.

Buena prueba de ello ha sido su reciente actuación en la Copa de Vitoria. Contra el Andorra hubo dos partidos: uno sin Nocioni, que duró 25 minutos y que acabó 52-62 para los vecinos de nuestros amigos de la Comarca; y otro, de 15, con el Chapu en pista, con un contundente 47-31 a favor del Real Madrid. En semifinales, mucho más tarde de lo que todos hubiéramos deseado fue cuando Laso decidió tirar de él. Cuando el Baskonia, entre gritos de "era campo atrás" y diversos "lololos" ya casi celebraba el pase a su final desde la grada, el monstruo final hizo su aparición. Los vitorianos llevaban una ventaja de ocho puntos sin Nocioni en pista. En esos tres minutos que restaban de partido, en los que ayudó a forzar la prórroga, más los cinco de la susodicha, el Madrid endosó un parcial de 24-12.

No veremos nunca al Chapu liderando las estadísticas individuales, pero tampoco sería justo decir que se dedica solo a aportar desde la sombra



Se habla mucho de los intangibles, y es cierto que no veremos nunca al Chapu liderando las estadísticas individuales, pero tampoco sería justo decir que se dedica solo a esa oscura labor de aportar desde la sombra. Sale a la pista y se tira todo lo que se tenga que tirar, y de todo eso que se tira, mete mucho. Y rebotea, roba, tapona, asiste y fuerza faltas. Todo esto es gloria bendita para cualquier entrenador y canela en rama para el aficionado madridista. Pero es que, además, se pasa el 100% de su estancia en el banquillo tan metido o más que los que están en pista. Siempre sin el chándal, preparado para salir a matar en cuanto haya toque de corneta.

Desde 2014 hay un pegamento que une al Real Madrid, un padre, un maestro, un hermano, un guerrero, un compañero



Llegó a la capital española allá por septiembre de 2014. Desde entonces el Madrid solo ha dejado de ganar un título: la Euroliga de 2016. Todo lo demás luce ya en las vitrinas. Llull, Rudy, Chacho, Ayón, Carroll, Felipe, Doncic. Todos son imprescindibles. Todos forman un equipo. Pero desde 2014 hay un pegamento que los une, un padre, un maestro, un hermano, un guerrero, un compañero. Gloria eterna a Andrés Nocioni.

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