20 de marzo de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El dueño de Mercadona reivindica con razón el papel de los empresarios

La empresa tipo española ha soportado la crisis y quedado herida, pero de ella depende casi todo en España. Urge un plan de rescate vital para la propia sociedad.

 

 

Con seguridad, el propietario de Mercadona no representa al común de los empresarios, pero sin duda ha resumido como pocos otros su papel en la sociedad. Cuando Juan Roig, un hombre de éxito que sostiene un negocio vanguardista y beneficioso para todos, reclama un reconocimiento social al empresariado, está hablando en realidad de la inmensa mayoría de ellos, bien alejados de él mismo en tamaño, beneficio y capacidad de renovación.

Hace falta un plan serio que les ayude a reestructurar sus deudas  acceder a financiación y dejar de aparecer en penosas listas de deudores en las que se mezcla al desahuciado con el defraudador

Y por eso es tremendamente positivo que un gran empresario anime al sector a "salir del armario", pues ésa es la única manera de que la sociedad española conozca su realidad, bien alejada de los lamentables tópicos y prejuicios que pesan sobre él y, desde luego, muy distante de lo que representan grandes firmas como Mercadona o Inditex, el sector bancario y en general las firmas agrupadas en el IBEX.

Que merecen sin duda un respeto y un reconocimiento, aunque no simbolicen la naturaleza tipo del empresariado español: sociedades con pocos trabajadores, escasa financiación, un mercado muy local y una asfixiante presión fiscal que, sin embargo, son responsables de entre el 70% y el 80% del empleo en España y de un porcentaje similar de los ingresos a Hacienda del Estado.

De ellas depende el futuro

Reivindicarse no es sólo un acto de justicia positivo para un país que tiene un serio problema de tamaño con sus empresas, demasiado pequeño para competir en un mercado global, sino la única manera de que el Gobierno, la oposición y las instituciones en general se planteen en serio el único rescate pendiente, el más relevante por cómo afecta al entorno y el único, desgraciadamente, que nadie se ha planteado en serio.

El de los cientos de miles de empresas pequeñas y familiares que llevan más de una década sometidas a un calvario, con cierres traumáticos de tantas de ellas y el subsiguiente perjuicio para infinitos ciudadanos que trabajaban en ellas.

De todos los rescates, el más necesario y a la vez olvidado es el de la empresa pequeña y familiar, de la que depende España

Hace falta un plan serio que les ayude a reestructurar sus deudas -eso que se tolera sin ninguna razón a las despilfarradoras Comunidades Autónomas-, acceder a financiación y dejar de aparecer en lamentables listas de deudores en las que se mezcla al desahuciado -tan víctima como el que pierde su casa- con el gran defraudador.

 

Lo que Juan Roig ha dicho, en fin, no sólo pretende rehabilitar una imagen injustamente dañada de un sinfin de seres humanos volcados en lograr beneficio sólo después de asumir un riesgo y una inversión; sino también instar a los poderes públicos a que acometan la tarea que más beneficiará a la sociedad, receptora de ese esfuerzo vía impuestos y empleo. Pisar al empresariado es, en fin, pisotear las esperanzas de toda una sociedad.

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