21 de septiembre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El 8M vuelve a "contagiar" a todo el mundo con Irene Montero en la diana

Irene Montero, aquel 8M; Bosé, en la actualidad

Irene Montero, aquel 8M; Bosé, en la actualidad

Las críticas a los "terraplanistas antimascarilla" resucitan la polémica que más ha querido esconder el Gobierno y en especial la ministra de Podemos.

 

 

Se nota que el verano  y las vacaciones terminan, si acaso comenzaron para alguien alguna vez más allá del Gobierno, y las polémicas vuelven al primer plano. La manifestación negacionista del domingo en Madrid, con cientos de personas espoleadas entre otros por Miguel Bosé, ha hecho estallar las costuras de siempre.

De un lado, los que se quitan mascarillas y detectan conspiraciones internacionales de poderes ocultos para dominar el mundo. Y de otro, los que aprovechan el espectáculo de los "terraplanistas" del Covid para echarles la culpa de todo y auxiliar con ello al Gobierno.

Es la guerra entre los #subrnormales y el #8M, las dos etiquetas del día en Twitter, reflejo de dos posiciones extremas que, en realidad, no representan a casi nadie pero hacen mucho ruido. Pero que estimulan, excesos aparte, dos lecturas más profundas de la situación: la de quienes defienden que toda prevención es poca, con razón. Y la de quienes les recuerdan que solo son precavidos cuando los "malos" son los otros.

 

 

 

No le falta razón al tutitero, más allá de las descalificaciones, para lamentar que los conspiranoicos del Covid pueden generar problemas sanitarios que luego se comen los sanitarios. Pero no les falta razón, sino todo lo contrario, a quienes responden recordando las contradicciones flagrantes entre sus críticas de ahora y sus silencios de no hace tanto:

 

 

El caso es que el 8M de Irene Montero se ha puesto de nuevo de actualidad, si acaso la perdió en algún momento, con decenas de miles de tuits y siendo TT del momento, lo que refleja la existencia de una duda razonable pendiente sobre cómo aquella jornada contribuyó decisivamente a extender un contagio masivo que aún pagamos: por las manifestaciones en sí, claro; pero también por todo lo que además se permitió para no tener que anular el alarde feminista del Gobierno.

Y hablando de Gobierno, a su Delegado en Madrid le caen de todos los colores, y en todos casos con razón: resulta sorprendente que no hiciera nada ante la manifestación sin mascarillas de Colón; como sorprendente fue que aquel 8M también mirara para otro lado sabiendo Sanidad lo que sabía ya, por mucho que ahora todo parezca un accidente. Los palos, pues, más que justificados:

 

 

La retranca del último tutitero no le quita razón a la reacción de la Delegación contra los negacionistas, pero la enmarca a la perfección: aquí ir sin mascarilla o en multitud es malo sin son "cayetanos" pero no pasa nada si los gritos los da Irene Monteros o el que posa desprotegido es el ministro Pedro Duque.

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