15 de noviembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Caza al mosso

La estampa lo dice todo: Quim Torra persiguiendo a su propia policía mientras desatiende incluso a las víctimas de un terrible temporal a su paso por Cataluña.

 

 

Bajo la espuma de los gravísimos incidentes filoterroristas de la semana pasada en Cataluña se propagan algunos síntomas muy graves: la profunda y tal vez irreversible descomposición que corroe y está devorando las principales instituciones catalanas, así como la arquitectura política, económica y social de una comunidad autónoma que fue emblema de modernidad y progreso de España y ejemplo internacional. 

La avalancha de acontecimientos, la sucesión de informaciones y el ritmo acelerado de las redes sociales nos están impidiendo ver otra cruda realidad del independentismo. Sirva un ejemplo de estas horas: un muerto y cuatro desaparecidos por un terrible temporal en Gerona y Tarragona no han movido al presidente de la Generalitat, Joaquim Torra, a abandonar sus coordenadas fanáticas. 

Su interés en la mañana de este miércoles se centraba sobre todo en pilotar personalmente una intolerable caza de brujas en su propia policía autonómica para purgar a los agentes que, simple y llanamente, han cumplido con su deber haciendo frente a actos de vandalismo

 

 

Son esas prioridades tan erráticas las que han llevado al máximo responsable del Estado en Cataluña a agitar a las masas para que tomen las calles, a enviar a su consejero de Interior a controlarlas y, finalmente, a ponerse del lado de los violentos

Mientras empresarios y comerciantes se movilizan para evitar una desbandada de turistas que dé la puntilla a una economía catalana ya en coma; mientras los servicios de emergencia buscan a los desaparecidos por el temporal; mientras los mossos se curan aún de las heridas de los salvajes... Torra solo ha tenido tiempo para tres iniciativas.

El PSC rehén

Intentar que Pedro Sánchez le coja el teléfono para imponerle un nuevo referéndum ilegal, lanzar en el Parlament el último órdago al Tribunal Constitucional con otra amenaza de rebelión, y comprometerse con los antisistema de la CUP a firmar una depuración masiva de los policías catalanes que acatan el marco constitucional y su propio juramento profesional. 

 

Al insensato secesionismo, con su presidente a la cabeza, le parece normal lo que pasa en Cataluña, como que los médicos y las enfermeras se conviertan en minutos  en escracheadores independentistas con bata blanca.

Y también parece asumible para un PSC rehén de su histórica equidistancia. Sólo queda saber si Sánchez está dispuesto a combatir esa carcoma que corroe Cataluña o prefiere jugar al todos quietos hasta que el edificio se desmorone.

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