El terremoto político del coronavirus

Pedro Sánchez, en una comparecencia de esta semana

Pedro Sánchez, en una comparecencia de esta semana

Miren señores, la han cagado y bien cagada. Ustedes, los de Podemos y todos los satélites mediáticos que decían que esto del coronavirus era un cuento de viejas

Siempre se ha dicho que los verdaderos líderes político y sociales se forjan en las crisis. Gobernar cuando va todo bien es fácil, lo supo hacer hasta Zapatero. Pero cuando hay una crisis, de las gordas como estamos viendo, es cuando un líder político puede pasar a la historia por saber sobreponerse y sacar el país adelante o caer en el más oscuro ostracismo como el inútil no supo echarle un par a la situación.

Hoy no hablaríamos de Churchill y de su celebres frases, o de Franklin Roosevelt, si no fuera porque tuvieron que enfrentarse a la mayor crisis de la humanidad en la historia contemporánea, la II Guerra Mundial, y salir de ella victoriosos. Con pérdidas, dolor y sacrificio por el camino, sí, pero triunfadores. Aunque ese triunfo no se les reconociera en su momento con la paradoja de que Churchill perdió las elecciones tras la guerra.

El coronavirus no es sólo una crisis sanitaria como no recordábamos en cien años desde los tiempos de la gripe española. Es un terremoto económico mayúsculo de consecuencias aún inimaginables. Y será por supuesto un terremoto político. Su gestión puede hacer caer al mismísimo Gobierno de España que hace sólo una semana se sentía seguro y ufano de tener una mayoría social de su lado con sólo recurrir a los mantras progres de la alerta feminista, la alerta ecologista, la alerta antifascista… mientras la verdadera alerta, la sanitaria, pasaba por delante de sus ojos sin percatarse de ello.

Está muriendo gente, otra va a enfermar, otra se va a ir al paro o va a ver arruinado su negocio, y ante la dura realidad no sirve toda la demagogia progre, sólo la pura y dura gestión. Esta crisis puede llevarse, en primer lugar, al PSOE por delante. Un PSOE que hace menos de 6 meses no tenía rival en las urnas.

Y esta sensación la transmiten los propios dirigentes socialistas cuando en sus redes sociales andan desesperados lanzando mensajes en contra de cualquiera que cuestione mínimamente esta crisis en pro de la unidad y buscando enemigos en la sanidad privada, en que si Casado opina o deja de opinar, que si la derecha es mal y recorta…

Miren señores, la han cagado y bien cagada. Ustedes, los de Podemos y todos los satélites mediáticos que decían que esto del coronavirus era un cuento de viejas y había que ir todos masivamente a las manifestaciones del 8M. La hemeroteca pesa, y pesa mucho, sobre todo cundo es de hace sólo una semana y todo el mundo tiene la sensación de que se tenía que haber actuado antes. Pero alguien, algún Iván Redondo de turno, decidió ignorar la amenaza porque la fiesta feminista no podía cortarse.  

La figura de Pedro Sánchez empieza esta crisis cuestionada por su total inacción, pero eso no significa que vaya a acabar así. Todo depende de la evolución. Es el presidente del Gobierno y puede dar una imagen de hombre de Estado con las medidas que adopte (además Sánchez se siente cómodo en ese papel con sus ruedas de prensa grandilocuentes sin preguntas en prime time). Y eso salvarle. Siempre le podremos cuestionar el antes de la crisis, pero la resolución está por ver.

Sánchez lo sabe y por eso ha apartado a los elementos más propios de un guateque adolescente que de un consejo de ministros como Carmen Calvo, Garzón, Irene Montero y el propio Iglesias, para dar el control al aparato duro del PSOE y a ministros de solvencia como Margarita Robles o Nadia Calviño.

Esto, por cierto, le acabará pasando factura con sus socios tanto podemitas como indepes, pero puede salvarle como presidente (vergonzoso el Consejo de Ministros de ocho horas en el que Iglesias en plena cuarentena se presenta a lanzar un pulso y aprovechar esta crisis para nacionalizar todo al más puro estilo república bananera).

En el lado de la oposición, el PP tiene las cartas para salir reforzado de esta crisis. No por la figura de Casado, que queda en tierra de nadie como Arrimadas o Abascal, teniendo que mostrar unidad sin poder criticar al gobierno para no parecer irresponsables (esto les pasa por ser de derechas, si fueran de izquierdas y el presidente de derechas podrían salir a decir que el presidente nos quiere exterminar y no pasaría nada, como veíamos cuando gobernaba Rajoy), sino por sus líderes autonómicos.

La primera semana de confinamiento deja las figuras de Ayuso y Almeida, tanto monta monta tanto, como los verdaderos líderes de esta crisis, por su templanza y por ser los primeros que pidieron y aplicaron medidas de calado. Hasta gente que confiesa no votarles valora positivamente su actuación.

Lo mismo ocurre con otros presidentes como López Miras de Murcia y su discurso denunciando la falta de confinamiento de la población exportando casos de coronavirus a su tierra, Juanma Moreno o el propio Feijóo. Si siguen así, sus liderazgos quedarán muy reforzados, y con ellos la marca PP. Casado simplemente debe dejar hacer a los suyos y que se equivoquen los otros. Ser mero espectador.

Vox queda debilitado por la irresponsabilidad de su mitin en Vistalegre. Si os fijáis, están manteniendo un perfil bajo en sus declaraciones, acostumbrados a otra cosa, porque saben que se equivocaron. En el lado indepe, no era de esperar que las miserias remitieran ni en una situación de emergencia nacional. Torra y su corte son unos descerebrados, hasta para producir el bochorno de personajes llenos de veneno como Echenique.

Pero claro, ellos se dirigen a su parroquia. Y a su parroquia les gusta eso. Ciudadanos con no hacer absolutamente nada, con no meter la pata, puede recuperar algo de voto que huya de PSOE y Vox por su irresponsabilidad. Y Podemos ni está ni se le espera, que esto es una cosa seria, no algo que puedas resolver con una reunión de youtubers feministas o saliendo con una pancarta de ‘sola y borracha quiero llegar a casa’.

En definitiva, no sabemos aún como quedará esto. Lo que se me atrevo a asegurar es que nada volverá a ser igual, también en la política. Encumbrará a unos y castigará a otros. Y aquellos que creían tener unos cimientos sólidos, pueden saltar por los aire en un visto y no visto. Veremos en tres meses, si nos queda algo que ver.

 

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