Que Dios nos pille confesados

Miedo da pensar en qué nuevas ideas pasan por la mente de Pedro Sánchez para seguir en el cargo sin convocar elecciones, contando con la "mayoría" más exigua que ha tenido ningún gobierno

Las ocurrencias tienen un problema: acaban pagándose. Pedro Sánchez se enfrenta a muchos retos y promesas incumplidas, desagradables y previsibles, producto de una falta de programa político o, para ser más preciso, capacidad real de llevar adelante política alguna sin el apoyo envenenado e indeseable de socios en los que confía tanto como en la inocuidad de la cicuta.

Su primera medida estrella consistió en una fascinante cortina de humo: convertir en Cuestión de Estado que no admite demora la exhumación de los restos de Franco, a fin de dar más brillantez a la democracia española, que de otro modo cojeaba.

Sin embargo, no solo no se ha hecho, sino que puede haber conseguido que los restos del dictador acaben reposando en la Catedral de la Almudena, mucho más céntrica y de fácil acceso para convertirse en lugar de peregrinaje. Muchas gracias, campeón.

Las maniobras de diversión son importantes si tienes que desviar la atención con rapidez de fiascos en la elección de ministros, con un Maxim Huerta que duró seis días al frente de la cartera de Cultura por haber estado envuelto en un fraude fiscal y una Carmen Montón en Sanidad que siguió los pasos de Cifuentes y cayó víctima de un máster de la Rey Juan Carlos. Todo esto sin haberse cumplido aún 100 días en el gobierno.

En junio dio un ejemplo de solidaridad extrema al permitir al Aquarius poner rumbo al puerto de Valencia y acoger con gran despliegue de medios de comunicación su acto desinteresado y generoso... que no se ha vuelto a repetir posteriormente en casos virtualmente calcados, como el más reciente del pesquero de Santa Pola que rescató a 12 inmigrantes en aguas libias. Es de suponer que en su enorme corazón lleva una pesada carga por ello.

Prosiguió dando alegrías a los autónomos, que acogieron con indescriptible gozo la posibilidad de la subida de sus cotizaciones, sin una contrapartida clara, más que dejar sus bolsillos todavía más vacíos.

Como gesto de buena voluntad, para demostrar que cuenta con un proyecto para todos los pueblos de España, decidió que sería una buena y simbólica idea llevar algunos Consejos de Ministros a Barcelona (y también Andalucía). La tibieza con la que fue recibida la propuesta por el govern catalán debería hacerle indicado que poco o nada les importaba y que, es más, no sería una iniciativa bien recibida.

Este 21 de diciembre tendrá la ocasión de comprobar la buena voluntad de un ejecutivo catalán poco interesado en gobernar y que ha dado alas a grupos de matones que se sienten intocables, dispuestos a todo, incluyendo la vía eslovena, para alcanzar el objetivo final: la arcadia feliz libre de opresión de un estado europeo moderno y democrático... a costa de dejar fuera de dicho proyecto a más de la mitad de los catalanes y de no gozar de apoyo internacional alguno a este delirio.

Miedo da pensar en que nuevas ideas pasan por su mente para mantenerse en el cargo sin convocar elecciones, contando con la "mayoría" más exigua que ha tenido ningún gobierno en la reciente democracia española: 83 diputados y la necesidad de hacer malabares para conseguir el apoyo de todos los demás grupos parlamentarios,excepto PP y Ciudadanos, para lograr una mayoría absoluta mínima.

Que Dios nos pille confesados.

*Politólogo y abogado.

 

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