El cierre de Rubio Kids intensifica la crisis comercial de Sorní

Hace justo dos veranos, las calles Sorní y Conde Salvatierra de Valencia vivían su momento de gracia. Las damnificadas eran La Nave y Comedias, repletas de locales dejados por enseñas que emprendían un traslado cruzando el Parterre. Se produjo la gran mudanza desde la zona de la calle La Paz hasta las proximidades del Mercado de Colón. El cambio no ha surtido efecto. La empresa Cristina, de moda infantil, cuelga el cartel de Se Traspasa y La Quinta con Austria, espacio multimarca de lujo para la mujer anuncia una liquidación total. El cierre de Rubio Kids, emblema de diseños de ceremonia y comunión, intensifica el desierto comercial de Sorní y Conde Salvatierra.

El éxodo lo inició en marzo la multinacional de lujo alemana Escada, nacida a finales de los años 70 con varias divisiones: moda, accesorios, perfumes, gafas y moda infantil. Desde la esquina Sorní-Conde Salvatierra, cogió el comodín habitual que ya iniciaron las grandes firmas de la antes conocida milla de oro y hoy muy despoblada también comercialmente hablando, Poeta Querol: sustituir el punto de venta propio por un córner en El Corte Inglés.

Los míticos cuadernillos escribieron su última página de moda la semana pasada. Era la crónica de una muerte anunciada: la salida de Hotensia Maeso, diseñadora y ex mujer del propietario, Enrique Rubio, marcó una huida hacia delante, con fuertes tensiones empresariales. Ni los fichajes de varias diseñadoras ni el cambio total del look del espacio infantil han sido suficientes. El año pasado, ya descendió considerablemente la producción y, de hecho, se suspendió la comercialización a través de puntos de venta en todo el territorio nacional. Quien quería vestir Rubio Kids debía acudir al centro de Valencia. Hasta que este año, el declive fue a más, trabajando a través de un muestrario mediante el que se confeccionaban las prendas que encargaban los clientes. Este sistema se mantuvo únicamente hasta que terminó la campaña de comunión, en mayo. A partir de entonces, el propietario de los históricos cuadernillos Rubio con los que aprendimos a escribir y a sumar cerró el taller y fue liquidando las prendas con las que hace ocho años rompió el concepto de moda infantil.

Decir Rubio Kids era decir éxito, con casi 20.000 seguidores en su página de Facebook o cerca de 4.000 en Instagram. Abrió hace ocho años y dos meses con unos diseños de Hortensia Maeso inéditos hasta el momento. Nunca se habían visto niñas de comunión con trajes cortos, salvo en Cataluña. No fue el único elemento rompedor: los tules y los tejidos arrugados, siempre empolvados, sustituyeron a los históricos reyes de ceremonia, como la organza, el organdí o la seda. Y llegaron más novedades: la incorporación de los complementos para la cabeza como el look total con el que marcar la inocencia de la infancia. Maeso puso el punto y final al tradicional cancán, que únicamente mantuvo como petición expresa de las clientas. Era la hora de dar movimiento a los trajes.

Los niños tampoco escaparon de la innovación: hasta que llegó Maeso, no se habían vestido trajes de marinero con linos. La diseñadora dijo adiós a los tejidos rígidos que enfundaban a los niños en una especie de uniforme militar. Se trataba de recuperar la manera de vestir de otra época.

Pero su abrupta salida de Rubio Kids inició una crisis que se acrecentó con la apertura de la tienda Hortensia Maeso a muy poca distancia. De hecho, no está tan claro que el adiós de Rubio Kids llegue por una caída de ventas como por la falta de interés de su dueño en esta división, que dirigía su ex mujer. Enrique Rubio está centrado en la exitosa editorial Rubio.

La tristeza se ha apoderado también de Conde Salvatierra. Casi enfrente de Rubio Kids se han despedido el joyero Carlos Iborra, por jubilación, y la tienda-cafetería de chocolates Cacao Sampaka que llegó a nuestra ciudad hace un par de décadas.

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