La lenta caída de Julian Assange

El activista Assange, en su momento de esplendor.

El activista Assange, en su momento de esplendor.

Su futuro se presenta incierto por la maraña legal de acusaciones y la posible extradición a Estados Unidos por "delitos informáticos"



Julian Assange es un personaje sin duda controvertido: héroe para unos, villano para otros. Cualquiera que sea la opinión que a uno le merezca, lo cierto es que resulta un personaje clave en la última década, al haber sido capaz de hacer temblar a múltiples gobiernos y empresas a través de las filtraciones realizadas por la plataforma Wikileaks que fundó; una actividad que no ayuda a ganar amigos, pero sí poderosos enemigos.

El momento álgido de Wikileaks tuvo lugar con la filtración de miles de documentos relacionados con la política exterior estadounidense en Irak y Afganistán, ayudado por la colaboración de la ahora mujer Chelsea Manning. Para Estados Unidos fue una intromisión inaceptable y además puso a la luz decisiones estratégicas que entendían podían afectar a la seguridad nacional y de sus tropas en el extranjero.

No sería la primera ni la última intromisión en asuntos estadounidenses. De hecho, durante la campaña electoral de 2016, se produjo la filtración de miles de emails relacionados con la candidata demócrata a la presidencia, Hillary Clinton, de la cual, a su vez, se acusó al gobierno Ruso. Pero no a todo el mundo le pareció mal dicha filtración. Sin ir más lejos, el actual presidente norteamericano, Donald Trump, llegó a afirmar con su habitual estilo histriónico que adoraba Wikileaks.

Pero la caída de Assange tiene que ver con algo mucho más mundano, como es la acusación de una presunta violación, aunque con serías dudas, considerando los resultados de la investigación posterior llevada a cabo durante el proceso penal sueco.

A fin de evitar su detención, y gracias a la buena sintonía con el anterior mandatario ecuatoriano, Rafael Correa, acabó refugíándose en la embajada ecuatoriana en Londres para evitar su detención; situación que se alargó siete años.

La persona que ha sido acusada por Correa como traidor y responsable de dejar caer a Assange ha sido el propio delfín y sucesor de Correa en el cargo, Lenín Moreno, quien ya había manifestado en el pasado su incomodidad ante la "piedra en el zapato" que suponía la presencia del activista en su embajada londinense. Tampoco funcionaron los planes para lograr su salida de la embajada para conducirle a territorio ruso o ecuatoriano

El futuro de Assange se presenta incierto por la maraña legal de acusaciones y posible extradición a Estados Unidos por "delitos informáticos". La concesión en 2017 de la nacionalidad ecuatoriana embrolla aún más la situación. Rusia, en un curioso papel de defensor de los derechos humanos y la libertad de expresión, se ha posicionado rápidamente a favor de Assange.

 Es complicado determinar como terminará este via crucis judicial. De lo que sí estoy convencido, es que asistimos a la caida de un mito, pero no de lo que representa. El ciberactivismo está plenamente consolidado y continuará actuando en tanto exista internet. Cualquiera que desee conservar sus secretos, deberá volver al pergamino y la pluma de ganso.

 

*Politólogo y abogado

 

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