15 de noviembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Los ingleses no se han vuelto locos y la Unión Europea alimenta el fuego

 

 

Europa está sumida en una profunda crisis que no es solo económica: también es social, cultural, de identidad y de concepto. La actitud del Reino Unido, a punto de perpetrar un Brexit por las bravas para salirse de la UE sin acuerdo alguno, simboliza esa tensión y permite vislumbrar sus consecuencias, terribles en todos los sentidos.

Pero por alocado que parezca Boris Johnson y negativa, sin la menor duda, que sea la salida de una de las democracias más antiguas del mundo del espacio más puntero del planeta, no se puede solventar este asunto apelando a cuestiones psicológicas de un presidente ocasional ni, mucho menos, a una especie de paranoia colectiva de la sociedad británica.

Aquel referéndum

Hay algo más, y no basta con recordar las evidentes mentiras que los promotores del Brexit, alimentados por el entonces primer ministro Cameron y su tibieza para evitar un referéndum, esparcieron a la opinión pública para hacer mayoritaria la ruptura.

Boris Johnson es un peligro, pero los ingleses no están locos: la UE no es capaz de atender problemas que muchos sienten como ciertos

Y ése plus es la sensación, muy extendida en otros países, de que simplemente no compensa pertenecer a un club que tiene un alto coste y no es capaz de atender con solvencia algunos de los problemas que, con mayor o menor razón, sienten que tienen los europeos.

Las amenazas desatendidas

Desde la inmigración hasta la amenaza terrorista, pasando por la burocracia o la desmotivación juvenil y el paro femenino, son problemas que la Unión no ha sabido enfocar ni atender, permitiendo el auge de movimientos políticos en buena parte de sus socios que resuelven esas amenazas de una manera burda pero eficaz ante sus ciudadanos: levantando fronteras, legales y físicas, para controlar con sus propios medios lo que consideran negativo.

Mientras la UE no encuentre respuesta prácticas, comprensibles y eficaces a las preocupaciones de quienes habitan en ella, habrá muchos Brexit, formales o sentimentales. y siempre fruto de la desesperación, el miedo y las emociones. Y a todo ello no se puede responder negándolo o minimizándolo, sino encontrando el sabio camino intermedio existente entre negar esos problemas y escapar de una asociación que sigue siendo una gran idea.

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