03 de agosto de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El Gobierno sabía desde el 30 de enero la letalidad del coronavirus y la ignoró

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias

Un especialista advirtió de la gravedad de lo que venía a España en una reunión en el Ministerio de Sanidad y no le hicieron caso: el Gobierno optó por desechar la alarma.

Hasta ahora, todo eran sospechas o indicios, algunos muy concluyentes eso sí, sobre la insólita tardanza del Gobierno en reaccionar ante la epidemia de coronavirus, anticipada desde diciembre por China y confirmada por la pavorosa situación de Italia con tres semanas de antelación que, en España, no sirvieron para adelantarse con medidas de prevención contundentes.

Pero ahora, además, hay una prueba de todo ello, y de la máxima validez por proceder de alguien que sabe mucho: estuvo en la reunión en el Ministerio de Sanidad en la que el Gobierno tomó la decisión de desechar la gravedad del virus, pese a las advertencias que él hizo sobre su letalidad y capacidad de contagio sin precedentes.

Se llama Juan Martínez Hernández, es el experto en Salud Pública de la OMC y él mismo ha revelado, en un acongojante artículo en El Mundo que ha pasado sorprendentemente desapercibido, cómo y cuándo se adoptó una decisión política y sanitaria que ha sido determinante en la extensión masiva de la enfermedad.

Un experto mundial estuvo en el Ministerio y advirtió de todo antes incluso de que en Italia estallara la crisis

Ocurrió el 30 de enero, cuando en China aún no se había alcanzado el pico y en Italia el coronavirus no era todavía tan destructivo. Entonces él mismo activó la alerta máxima describiendo el tipo de agente vírico que empezaba a extenderse y llegaría pronto a España: de haber sido atendido, posiblemente España no estaría ahora sufriendo un impacto tan terrible, vista la experiencia de otros países que, como Hungría, Rusia o Croacia, sí se tomaron en serio la amenaza.

"El pecado original de la mala gestión de esta epidemia, no sólo en España sino por casi toda Europa, no fue un problema político sino técnico. En nuestro caso tiene su epicentro el 30 de enero, en una reunión en el Ministerio de Sanidad, en la que varios técnicos –no sólo el que ustedes piensan– sostuvieron, en contra de mi opinión, que el nuevo coronavirus es un agente del grupo 2. Yo mantengo que es un agente del grupo 4. Y ahí radica todo. Esa es la clave de toda la mala gestión posterior", explica en su demoledora exposición.

 

 

Y prosigue: "Los microorganismos, de acuerdo al RD 664/1997 se clasifican en cuatro grupos, siendo el cuarto el compuesto por aquellos que pueden ocasionar infección grave o mortal y contra los que no hay ni vacuna ni tratamiento. Es de libro. El nuevo coronavirus es un agente del grupo 4".

Para dejar muy claras las graves consecuencias de esa decisión: "Si se hubiera asumido eso desde el principio, dado el potencial pandémico del virus y la susceptibilidad universal para sufrir la infección de toda la Humanidad, habría que haber tomado aquel mismo día decisiones pavorosas, como adquirir ingentes cantidades de equipos de protección como los del ébola, construir o acondicionar a toda velocidad centros monográficos independientes o adquirir un gran número de equipos de ventilación mecánica".

En esa reunión, según se traduce de la denuncia del experto, estuvo Fernando Simón y le ignoró

Finalmente, concluye con un contundente reproche: "Pues bien, nada de eso se hizo entonces, al aceptar la benignidad del virus como una ventaja, cuando era ciertamente su principal inconveniente. Y tampoco se hizo después cuando explotó en Italia, y ya era inevitable que de allí, dentro del espacio europeo común, llegara en una o dos semanas al resto del continente y a Latinoamérica".

Fue ignorado

La narración de este experto da un vuelco a la percepción de la gestión de la crisis y evidencia que, como poco, el Gobierno desoyó las opiniones de especialistas que sí se adelantaron a los hechos y han acertado, de lleno, en sus previsiones. Lejos de ser atendidos, el Ejecutivo mantuvo la guardia bajada y más de un mes después de esa reunión a finales de enero incluso mantuvo la convocatoria de manifestaciones masivas en la calle o de grandes eventos deportivos con público.

Tampoco cerró las fronteras hasta esta semana y, durante el mes de febrero completo, no hizo ningún tipo de control sanitario de los visitantes que venían en avión, por ejemplo, desde Italia. El especialista de la Organización Mundial del Comercio lo había avisado todo. Y no le hicieron caso. 

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