Todos los santos: un recuerdo también para todos los animales fallecidos

Millones de animales mueren cada año en nuestro país ahorcados en árboles, acribillados a tiros, abandonados en carreteras, de inanición en sucios habitáculos...

El 1 de noviembre es una fecha en que se recuerda de un modo especial, en muchos lugares de este planeta, a quienes han fallecido.

 

En este “día de todos los santos”, quiero recordar también a los otros animales que han abandonado ya este mundo.

 

Algunos afortunados lo han hecho rodeados de su familia, con el amor y paz que a cualquiera nos gustaría sentir cuando tengamos que marcharnos.

 

Otros lo hacen acompañados de personas compasivas que, o habiendo hecho lo imposible por salvarlos o tal vez sin poder hacer más por ellos que acompañarles en el trance, les enseñan, aunque sólo sea al final, que no todas las personas tienen el corazón necrosado por el odio, la maldad o la indiferencia.

 

Por desgracia, la mayoría mueren solos, o lo que es peor, con la única compañía de sus verdugos, sin haber tenido siquiera un único día de paz y dignidad en su vida.

Millones de animales mueren cada año en nuestro país ahorcados en árboles, acribillados a tiros, abandonados en carreteras, de inanición en sucios habitáculos, destrozados a golpes, con las venas reventadas a causa del veneno, asfixiados al sacarlos del agua, reventados por el sobre esfuerzo, desgastadas de tanto parir, de infarto por el pánico, degollados en mataderos, de pena tras robarles la esperanza, con el cuerpo lleno de electrodos o acuchillados una y otra vez en una plaza.

 

Este es un día para sacarles del anonimato.

Es un día para reivindicar que sus vidas también importan.

Es un día para pedirles perdón, por todo lo que les hacemos.

 

Por todos los que ya se han ido, poco más podemos hacer. Sin embargo, tenemos la oportunidad de cambiar aquello que no consideramos aceptable y transformar la realidad de aquellos que todavía siguen aquí y cuya vida depende de nosotros.

 

Deberíamos reflexionar sobre esos “santos” y sobre la superioridad irresponsable y carente de empatía que ejercemos sobre ellos y que debería avergonzarnos. Plantearnos en qué nos convertimos cuando, en lugar de proteger a quiénes no puede defenderse, nos aprovechamos de su vulnerabilidad para ejercer sobre ellos la violencia.

 

Hoy es un buen día para comenzar a tratarles con respeto y devolverles la dignidad que nunca debimos robarles.

 

*Coordinadora provincial de PACMA en Valencia

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