19 de octubre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

David Gistau desvela lo que Ada Colau no cuenta y la deja rota por hipócrita

Las lágrimas de Colau no convencen para nada a Gistau.

Las lágrimas de Colau no convencen para nada a Gistau.

Muy duro y echando mano de una ironía demoledora, el periodista no se ha callado la boca a la hora de destrozar a la alcaldesa aireando eso de lo que ahora parece haberse olvidado.

A estas alturas de la semana las imágenes de Ada Colau llorando por sus hijas en una entrevista en la radio al recordar los insultos a los que fue sometida en la plaza San Jaume han dado la vuelta a todos los rincones.

Este jueves, David Gistau se suma al debate desde su columna de El Mundo para ironizar que "su aflicción es comprensible" para gente como la alcaldesa que "sólo conciben ser amados por el pueblo en la misma medida que detestados por el sistema maléfico".

Muy duro, carga contra Colau recordándole que "algo podía haber intuido ya cuando a colegas de profesión como Arrimadas y Álvarez de Toledo también las apretaron y llamaron botiflers y putas. Pero, en fin, eso no era una experiencia personal, afectaba a las hijas de otras en una galaxia ideológicamente muy remota", añade sarcástico.

No menos le molesta al periodista que el "gran diario de progreso" editorializará sobre las "conmovedoras lágrimas" de Colau lamentando que "el independentismo hubiera mostrado su verdadera faz" y se lleva las manos a la cabeza: "Caray, ¿sólo ahora? Los empellones a trifachitas en la universidad o en cualquier ámbito público donde asomen no bastaron para que los editorialistas orgánicos se alarmaran de repente por la degradación de la política, por el encanallamiento de la calle, por la restauración en el escenario público de una violencia más o menos amagada que marcó la última campaña electoral como no sucedía ya en la España convencida de ser una fiesta de la democracia".

Peor aún, recalca, "hasta ahora, a esa violencia se le procuraba eximentes. Como cuando era a Maite Pagaza a quien llamaban puta y a quien echaban encima una turba en el Norte. Se tendía a decir que a esa turba no le había quedado más remedio que comportarse así después de ser provocada por la presencia de unos políticos en lugares en los que ya hace tiempo tendrían que haber renunciado a estar". 

Pero no quiere terminar Gistau sin destrozar a Colau por hipócrita recordando que  hay que agradecer a la consagración institucional de los activistas de la nueva política que por fin hayan reparado en la grosería y la violencia del escrache, eso que hasta hace poco era el "jarabe democrático" administrado por el "pueblo empoderado". Es que resulta que dicen puta. Ahora reparan en ello". 

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