Montiel: "El Consell pensaba ganar las elecciones sin jugar. Ahora hay partido"

Antonio Montiel, en un momento de la entrevista con EsdiarioCV

Antonio Montiel, en un momento de la entrevista con EsdiarioCV

Pasó del activismo social a primera línea política como candidato de Podem a la Generalitat. Ya como diputado raso, analiza el desgaste de Podemos, la gestión del Consell y la subida de Vox

Han pasado tres años y medio de legislatura. Una vez ya asentada su experiencia como diputado, ¿se ha encontrado lo que esperaba cuando realizaba su labor de activista social desde fuera de la política?

Esperaba una recepción más amable de las inquietudes de la ciudadanía. El sistema se protege a sí mismo, se generan lógicas de poder, de distracción de los problemas de la ciudadanía. Compruebas que resulta muy fácil contaminarse de una actitud elitista. Cuesta mucho, en ese entorno, mantener los pies en el suelo y seguir comprometido con la lógica que te ha llevado a la política.

Cuando habla de elitismo, ¿se puede inferir también cierto menosprecio, o como mínimo lejanía, del representante parlamentario hacia el electorado?

Hablaría de actitud aristocrática. No se puede tratar a la gente de ese modo, sin tener en cuenta que esas personas son quienes te han llevado al cargo que ocupas y quienes, con su voto, decidirán si sigues o no.

A veces cunde en mi la decepción cuando veo a gente con quienes has compartido protestas ciudadanas y que ahora, desde un cargo político, parecen otras personas.

Usted que se ha definido como "un político sin partido durante más de 30 años", ¿está decepcionado ahora que ya tiene partido y que forma parte de la tantas veces denominada ´clase política´?

Tengo un sabor agridulce por lo que antes comentaba. No obstante, por otro lado, me alegro de haber sido diputado en esta legislatura en la que el poder legislativo está alcanzando mucha importancia con sus decisiones, con la legislación que aprueba. La experiencia resulta muy apasionante, aunque a veces cunde en mi la decepción cuando veo a gente con quienes he compartido protestas ciudadanos y que ahora, desde un cargo político, parecen otras personas.

En ese entorno que describe, ¿consigue aislarse y mantenerse con los pies en la tierra?

Yo soy funcionario de carrera. Quizás tengo la suerte de contar con ese leitmotiv de servicio público, de desarrollar un trabajo en el que estoy acostumbrado a sacar cosas adelante, siempre buscando el diálogo para encontrar salida.

Y a un funcionario, ¿no le choca el sistema de designación de los partidos para puestos más técnicos en administraciones?

Desde luego, me he encontrado con que los partidos tradicionales y los no tan tradicionales siempre buscan poner a alguien de su cuerda. Es terrible cómo se extiende esa lógica. 

Antes aludía a que en la actual legislatura el poder legislativo, Les Corts Valencianes, está teniendo más trabajo que en mandatos precedentes. ¿Con qué se queda de las iniciativas en las que ha participado? 

Con la ley de protección de la huerta, que para mí tiene una importancia capital. También con la regulación legislativa para recuperar el servicio público de radiotelevisión valenciana, aunque no hago un balance satisfactorio del resultado. Igualmente, con la ley de ordenación del territorio, que ha supuesto muchas horas de trabajo y de diálogo. Desde luego, ha resultado, personalmente, muy reconfortante, la reforma del IRPF. Antes pagaba menos quien más ganaba. Revertir esa situación ha sido decisivo para que 1,5 millones de personas  paguen menos a Hacienda.

Pienso que creamos una buena ley para recuperar RTVV. Pero luego, en la parte operativa, se produjo un choque de trenes entre PSPV-PSOE y Compromís. No estamos a la altura de lo que nos habíamos marcado

¿Por qué no hace un balance satisfactorio del nacimiento de la actual radiotelevisión pública valenciana, de Á punt?

Hubo quien prometió que se reabriría en seguida y que todos volverían a sus puestos de trabajo. Esto era técnicamente imposible. Generó unas expectativas que crisparon. Pienso que creamos una buena ley, con consenso y sin votos en contra, con mucha participación del sector. Pero luego, en la parte operativa, se produjo un choque de trenes entre PSPV-PSOE y Compromís. No estamos a la altura de lo que nos habíamos marcado.

Si la ley es consensuada y apropiada, ¿qué ha fallado posteriormente para que considere que el resultado final no está a la altura?

Sinceramente, esperaba que desde Presidencia hubiera habido más apoyo. El PSOE perdió interés. Compromís jugó sus cargas y hay una especie de guerra encubierta en el Consell. Se trata de dos partidos que comparten gobierno pero que compiten en muchas cuestiones.

Hay demasiada liturgia en la actividad política. Fallan el lenguaje, los tiempos, la actitud. Contamos con un parlamento muy poco poco dinámico y demasiado metido en sus procedimientos. Ahí se nota el alejamiento de la gente

Uno de los objetivos de disponer de un medio público consistía en trasladar mejor, o con más recursos, la gestión política y su efecto en la ciudadanía. ¿Cree que lo están consiguiendo?

No. Existe poca imbricación de lo que hacemos y la opinión pública. Se produce una distancia sociológica entre la percepción de los ciudadanos, que piensan que los políticos solamente se preocupan de sus cosas. Y este hecho no se puede atribuir a los medios de comunicación. Hay demasiada liturgia en la actividad política. Fallan el lenguaje, los tiempos, la actitud. Contamos con un parlamento muy poco dinámico y demasiado metido en sus procedimientos. Ahí se nota el alejamiento que la gente percibe. Y esto tiene mucho que ver con lo que ha pasado en Andalucía.

¿No era uno de los fines de Podemos luchar contra ese alejamiento, acabar con lo que llamaban casta?

En 2015 Podemos constituía una esperanza de cambio, pero el partido ha naturalizado estilos. No hemos conseguido evitar que se nos vea como parte del engranaje. Como ha ocurrido con el Consejo General del Poder Judicial, que en cuanto te dejan elegir a un vocal te metes en el juego. La coherencia es lo que más valora la ciudadanía a medio plazo y lo que te posibilita seguir reivindicando una legitimidad. Hemos dejado de utilizar un lenguaje y una conexión con la gente que permitía a esta reconocerse.

Podemos es ahora un partido más de la izquierda tradicional y nos hemos adaptado al simbolismo de la izquierda antigua, que ya no conecta con la mayoría

¿Se refiere, sobre todo, a cuando Podemos pasó de ser el partido anticasta, del pueblo y sin etiquetas políticas, a declararse de izquierdas?

Sí. Cuando hablábamos del pueblo frente a los privilegios éramos creíbles. Pero ahora nos hemos vuelto los más izquierdistas. Somos un partido más de la izquierda tradicional y nos hemos adaptado al simbolismo de la izquierda antigua, que ya no conecta con la mayoría de la población.

Con perspectiva, ¿por qué decidieron arrinconarse y hacerlo sin debate ideológico, sin un congreso programático como el que hizo Ciudadanos?

Posiblemente por el pacto con Izquierda Unida. Lo más respetuoso hubiera consistido en que cada partido se hubiera mantenido en su espacio y luego, ya, sumar en cuestiones concretas. Se han producido errores internos de modelo, dificultades para organizar la pluralidad interna. Deberíamos de reivindicar los valores iniciales por encima de dogmatismos ideológicos.

El problema no es de la gente que vota, sino del partido, que no logra que se identifiquen con él. Y si después votan a Vox, te fastidias

¿Queda algo de esa idea primigenia de constitución de Podemos o cree que sus líderes nacionales ya la han enterrado?

Pienso que sigue viva la idea que representaba Podemos. Tengo la esperanza de que trabajemos para ampliar la base social. Hay que saber estar en la mayoría y en la minoría. Sí, el rincón de la izquierda quizás es más confortable, pero siempre representará a una minoría. Lo que ha ocurrido en Andalucía nos tiene que servir para, sin buscar culpables, pensar qué demanda la sociedad, que es una forma diferente de hacer política, más de hablar de las dificultades de la gente. El problema de lo que ha ocurrido no es de los votantes, sino de los partidos. Y si luego votan a Vox, te fastidias, porque no has sabido demostrar a la gente que te preocupas por su bienestar.

Esa falta de sintonía con la ciudadanía de la que habla, en general, ¿piensa que se traslada al actual Consell?

A este respecto me preocupa, por ejemplo, el tema de los barracones. No puede ser que en 2015 estés reivindicando que los vas a eliminar y que sigan ahí, tres años y medio después, en los colegios. Que un niño de Infantil sepa que va a estudiar en los mismos barracones donde lo ha hecho su hermano, en Primaria. La gente te vota para que resuelvas problema y no por ideología. Para que las cosas se hagan de otra manera o para que, como mínimo, se hagan. Primero hubo desconfianza hacia los funcionarios, y luego desprecio, desde esa perspectiva de cierto sentimiento de superioridad moral de izquierdas, hacia la gestión, a los aspectos técnicos. La izquierda tradicional no se ha desprendido de ese aparataje ideológico que provoca que se desentienda de problemas.

Con anterioridad aludía a las elecciones en Andalucía y a su resultado, y en la última cuestión nos referíamos al Consell. ¿Cree que este último tomará buena nota de lo que ha ocurrido y cambiará su perspectiva?

Desde luego, esos comicios pueden ser una buena lección. Los dos partidos que sustentan el Consell daban por hecho que iban a ganar en 2019 casi por incomparecencia del rival, porque PP y Ciudadanos no sumarían los diputados necesarios para pactar, y no hay que dar nada por supuesto. El Consell pensaba en ganar casi sin jugar. El actual escenario me parece mejor, porque te obliga a no vivir de rentas. Se ha acabado pensar que los demás serán incomparecientes. Habrá partido.

¿Se siente más cómodo como máximo responsable autonómico de Podem y síndic o ahora, como un diputado raso y un simpatizante más?

Ahora soy pensador y activista. Para mucha gente continúo siendo un referente y me piden opinión todos los días. Agradezco tener mayor independencia de criterio al no ser portavoz. Antes me sorprendían los titulares en los que, en lugar de poner Podemos, directamente colocaban mi apellido, Montiel.

En cualquier caso, ser diputado autonómico constituye una tarea sencilla. Personalmente, lo que me preocupa ahora consiste en terminar los seis meses que quedan sacando adelante muchas leyes importantes. En cambio, lo realmente complicado es ser concejal de pueblo, que tienes al vecino llamándote a la puerta para cualquier problema. Para mí supone un verdadero mérito la tarea de los ediles, que la hacen sin apenas compensación económica. Podemos debe asentar más su organización. Hace falta un trabajo mayor a este respecto, con todos esos concejales.

Por su carácter abierto y negociador, ¿ha recibido ofertas para incorporarse a otros partidos?

No. En todo caso, yo empecé en política con Podemos y me retiraré en esta formación.

 

 

 

 

 

 

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