La ciudad no es para mí ¿Y de lo importante, qué?

La ministra portavoz, Isabel Celaá

La ministra portavoz, Isabel Celaá

"Una semana ocupados por la frivolidad de dirigentes que han hecho del servicio público que se les encomendó un basurero de imposible reciclaje. Una semana tras otra …"

Me invita un buen amigo –a la sazón uno de los más sólidos y prominentes arquitectos de esta ciudad- a hacerme tamaña pregunta, cuando vivimos en un país de fantasía. En el extremo contrario de Lewis Carroll por muchas apariencias que atesoren la simpática Alicia y Pedro (el audaz), eso sí.

El autor de la fábula era a la vez experto matemático –y diácono. Nuestra realidad aumentada es huérfana de autoría responsable, cúmulo de vicios, ambiciones y despropósitos. Ilegítima hija de la avaricia y la soberbia. Invención posmoderna de la ausencia de valores. Ignorancia histórica elevada a la categoría de dogma exclusivo y excluyente.

Sé que la orfandad biológica te instala en un vacío de hechos y cosas ordinarias .“Ha muerto mi costumbre” dicen que dijo Ortega para escándalo de mojigatos a la pérdida de su esposa. Ya nadie te regaña con tanta naturalidad como cariño. Ya nadie te aconsejará de forma tan cierta y sincera; sin reservas. Sólo tu propia memoria podrá representar al padre ausente.

Honrarás la memoria del padre es principio de todo bien nacido. Falsearla –no importa con qué fin- es negar tu propia existencia.

Una semana ocupados por la frivolidad de dirigentes que han hecho del servicio público que se les encomendó un basurero de imposible reciclaje. Una semana tras otra …

¿No será ineptocracia, tal como la define Jean d`Ormesson, y recorre estos días las redes sociales?

Dice la ministra portavoz que el presidente es audaz (sic). Vive Dios que lo es. Y que su agenda, dice también, es la de los españoles. Lo que demuestra su audacia. ¿No será ineptocracia, tal como la define Jean d'Ormesson, y recorre estos días las redes sociales?

Por razón del alboroto hemos conocido porcentajes y ratios europeos sobre titulaciones universitarias, empleo, género, salario, etc. ¿No será ésta la cuestión de fondo? ¿No se habrá propiciado un país con cierta desproporción funcional en una razonable, deseable y ética producción de riqueza común? O dicho de forma coloquial: un país de señoritos.

Un auténtico señorito ocupa el sillón de la Moncloa. Malcriado, soberbio, rayano en lo pijo. De centros y universidades privadas (las mismas que denosta electoralmente), experto oportunista político y académico, especialista de la rectificación circular, ditirámbico charlatán, parece carecer de quien le regañe y le aconseje. Huérfano virtual este pobre presidente si no tiene quién le escriba y sólo gosset que le ladra.

Ocúpense –unos y otros- de lo importante, por el amor de Dios. Que van a acabar con nosotros.

Y saquen de nuestras vidas el amarillo del odio.

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