20 de septiembre de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El Rey da una lección volviendo al trabajo mientras Sánchez sigue en la playa

La Familia Real recupera este jueves su agenda oficial visitando Menorca y desde el lunes ya estarán en Zarzuela. Al presidente, en cambio, no vuelve al trabajo hasta el día 25 de agosto.

Un presidente con vacaciones dignas de un Rey y un monarca con vacaciones propias del presidente de un país con una gravísima crisis sanitaria, económica y política. Así podría resumirse el verano de Felipe VI y Pedro Sánchez, el más atípico para ambos desde que el segundo ocupa el palacio de la Moncloa.

Si bien el jefe del Estado recuperó su agenda oficial el pasado 10 de agosto, él y doña Letizia, la princesa de Asturias y la infanta Leonor vuelven todos juntos al trabajo este jueves, viajando a Menorca en su campaña de apoyo al turismo y demás sectores castigados por la pandemia del coronavirus.

La semana próxima, todos volverán a Zarzuela, a continuar con su actividades institucionales habituales. Ni la crisis del coronavirus ni la delicada situación en la que se encuentra el Rey emérito aconsejan unas vacaciones de excesos. Y así parece haberle entendido Don Felipe, que ha impuesto a los suyos la renuncia a las habituales vacaciones privadas que los monarcas y sus hijas se toman cada año. 

 

Ciertamente, en la decisión también habrá pesado la situación del Rey Emérito, don Juan Carlos, que hace casi dos semanas salió temporalmente de territorio nacional.

Por contra, el presidente del Gobierno continúa en la lujosa finca propiedad de Patrimonio Nacional, La Mareta, en Lanzarote. Sólo abandonó la isla canaria el pasado miércoles, Epara encontrarse con el Rey en Marivent para el tradicional despacho estival con Felipe VI, pero ni los líos de Podemos, ni la pandemia han hecho regresar al presidente.  De hecho, el primer Consejo de Ministros ordinario tiene fecha del 25 de agosto.

Lo cierto es que Sánchez decidió marcharse rumbo a la isla a pesar de que los datos de la evolución del coronavirus son cada día peores, rozando los 2.000 nuevos casos diarios repartidos por toda España y municipios confinados para evitar una expansión mayor.

Mientras, el turismo, uno de los principales sustentos de las finanzas españolas, se desploma por las restricciones de los países extranjeros que imponen cuarentenas y restringen la posibilidad de viajar a España, por lo que la economía del país es cada día más frágil.

Y por si todo esto no fuera suficiente la marcha del Emérito de La Zarzuela ha encendido los deseos republicanos de sus socios de Gobierno que ven ahora el momento oportuno de dinamitar a la Monarquía.

Aún así, Sánchez se montó en el Falcon, rumbo a Lanzarote, a La Mareta. Una casa que el rey Hussein, que nunca llegó a alojarse allí, mandó a construir ese complejo en los años 70 sobre una infraestructura en la que se recogía agua y que posteriormente regaló a Juan Carlos I.

Allí se alojaron grandes mandatarios internacionales

Se trata de una construcción con varias viviendas, jardines, dos piscinas y un lago frente al mar cuyo proyecto es del arquitecto Fernando Higueras y en cuyo diseño participó Manrique. La primera personalidad en estrenar La Mareta fue el excanciller alemán Helmut Kohl, en 1991, con motivo de la cumbre hispano alemana.

También han pasado por ese palacete los expresidentes José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero, así como el expresidente soviético Mijaíl Gorbachov y su esposa, Raísa, y el expresidente checo Vaclav Havel.

En diciembre de 2015 el entonces ministro de Industria, Turismo y Energía, José Manuel Soria, y el presidente de Patrimonio Nacional, Alfredo Pérez de Armiñán, firmaron un convenio para destinar La Mareta, por expreso deseo del Rey Felipe VI, al servicio de los intereses turísticos y la marca España cediendo su uso a personalidades de diversos ámbitos tanto de dentro como de fuera de España.

Y es que la Familia Real no puede evitar relacionar este privilegiado recinto con un recuerdo de lo más triste. Para recibir el cambio de siglo y de milenio en 2000, toda la familia se trasladó a La Mareta y el 2 de enero fallecía en ella la madre del Rey Juan Carlos, María de las Mercedes.

Hasta cinco años más tarde, entre el 26 de diciembre de 2005 y el 1 de enero de 2006, no regresó ningún miembro de la Familia Real a La Mareta. Entonces estuvieron los entonces Príncipes de Asturias, Felipe y Letizia, y su primera hija, la infanta Leonor, nacida dos meses antes. Y ahí se acabó el contacto con este palacete, inevitablemente maldito para ellos, y al que algunos cronistas del corazón le asignan directamente un gafe.

Sin embargo, este detalle parece no afectar demasiado al presidente y su familia que ya está en la isla disfrutando del clima canario. Todo ello, a pesar del temporal sanitario y económico que se vive en España.

Comenta esta noticia