El estratégico silencio de Sandra Gómez que Ribó logró romper

En otoño ha mantenido un perfil bajo, lejos del desgaste de la controvertida gestión de la EMT o la polémica del puerto. Esta semana ha decidido dar un golpe sobre el tapete del alcalde

"Me sorprende y me decepciona la decisión unilateral del alcalde". Esta afirmación realizada el pasado jueves por la vicealcaldesa y portavoz  socialista, Sandra Gómez, más allá de una crítica al primer edil local, Joan Ribó, tiene su trascendencia porque supone romper con un trimestre de perfil bajo. En el mismo día que hacía esas declaraciones posaba para los fotógrafos con el conseller de Infraestructuras, Arcadi España, reivindicando que el tranvía llegue a los barrios del sur de Valencia.

Esta doble exposición, que no sobreexposición, porque la segunda edil está acostumbrada a incluso mayor grados de protagonismo mediático, se produce después de largas semanas en las que su partido, y sobre todo Sandra Gómez, no se habían prodigado en apariciones o declaraciones públicas. Todo ello coincidiendo con el fango diario que cae sobre el equipo de gobierno por la estafa y la controvertida gestión de la Empresa Municipal de Transporte (EMT) y por las continuas críticas de Compromís a la ampliación del puerto. 

En esta especie de travesía informativa del desierto socialista, han sido otros concejales de su partido quienes han asumido cierto grado de protagonismo, aunque muy alejado del habitual de la portavoz. Ha dado la alternativa principalmente a dos debutantes como Aarón Cano, responsable de Seguridad Ciudadana y con un discurso bastante más político que técnico, y Elisa Valía, que se multiplica en actos como delegada de Participación Ciudadana y Acción Vecinal.

"Es una estrategia para que no le afecte el desgaste de Compromís con la EMT y con otros problemas de gestión. Prefiere quedarse en la sombra, esperando a que sufra las críticas su socio de gobierno", comenta una avezado político que la conoce bien. No obstante, esa opinión contrasta con otra que proviene de un compañero de partido, que hace hincapié en que "sabe que su momento ya pasó. Ahora está amortizada". E incluso un tercero, ya desde filas rivales, subraya que "es consciente de que no será alcaldesa de Valencia y ya se prepara para otros retos políticos que la motiven más. Aparece poco porque está más apática".

En su descargo hay que tener en cuenta su situación personal en este último trimestre, en la que ha celebrado su boda y ha disfrutado de la posterior luna de miel, dos cuestiones que, forzosa o placenteramente, la han alejado del primer plano. No obstante, desde que regresó de su viaje por Australia había preferido mantener un perfil bajo muy alejado del que, por supuesto, tuvo en la campaña y también de la contundencia con la que se empleó en la configuración del gobierno local, que no se cerró hasta julio. Luego ya vino la calina de agosto y las circunstancias personales antes relatadas.

A partir de ahí ha pasado un mes de noviembre prácticamente desapercibida, hasta que le tocó, debido a la ausencia por incompatibilidad del alcalde, Joan Ribó, dirigir y decidir, con su voto de calidad, en el pleno del Ayuntamiento en el que se debatía la creación de una comisión de investigación sobra la EMT. El tema lo zanjó rápido con un "no es necesaria" que daba un animoso balón de oxígeno político al alcalde sin que hubiera el más mínimo reproche en las palabras de Sandra Gómez. Un respaldo incondicional en la práctica.

Durante estas semanas se había mantenido a la expectativa, siempre asesorada por su jefe de gabinete, el avezado Borja Sanjuán, y por Ramón Vilar, concejal de su máxima confianza, siempre atento a los cambios políticos. Ahora, esta semana, ha decidido volver a la palestra pública y dar un golpe sobre el tapete de Ribó.

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