20 de marzo de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El show de Podemos

 

 

Seguramente nadie sería capaz de mencionar una diferencia sustantiva entre lo que han defendido, pedido e intentado Pablo Iglesias e Íñigo Errejón en los últimos años, que ha sido básicamente lo mismo, sin ningún matiz, con similar demagogia y, en todo caso, una ligera diferencia en las formas que no afecta a un fondo ideológico de estrato comunista. Una etiqueta de la que ambos presumieron tanto como de su apego por el chavismo venezolano, aunque ahora les moleste recordarlo.

Estamos, pues, ante una mera lucha por el poder interno que aplica entre compañeros la misma táctica que, desde la irrupción de Podemos, aplicaron ambos a sus rivales: la estigmatización y el tratamiento del contrario como un enemigo a extinguir, siempre con un lenguaje bélico destinado a movilizar emocionalmente a los sectores sociales más proclives a esos estímulos.

Una pelea por el poder

No hay dos almas en Podemos, pues, sino una disputa por su liderazgo que tiene en Madrid una primera etapa pero mira más lejos: si Carmena y Errejón logran un buen resultado en las Elecciones Autonómicas y Municipales, muy probablemente Pablo Iglesias perderá su poder cesarista y, con el nombre actual de la formación u otro, el dúo al frente de 'Más Madrid' se hará con las riendas de ese sector ideológico.

Sánchez no puede seguir gobernando con 84 diputados y la doble dependencia del soberanismo y de un Podemos en guerra

La escenificación de una tregua entre ambos, incomprensiblemente ausentes cuando se jugaba el futuro de un partido con cinco millones de votos, no cierra un conflicto que retrata además la tendencia de la extrema izquierda a hablar de sí misma, constantemente, y de sus galopantes problemas y peleas internas entre sus dirigentes.

Pero coloca además al Gobierno de Sánchez en una situación muy delicada. A su exigua mayoría parlamentaria le añade la doble dependencia de un independentismo ajeno a los intereses nacionales y de un populismo en crisis, dibujando un paisaje final incompatible con la gestión razonable de un país sumido en relevantes desafíos.

Elecciones Generales ya

Con esos mimbres, simplemente no se puede gobernar. Ni con presupuestos (que sólo se aprobarán a cambio de dádivas insoportables y con unos números falsos o contraproducentes) ni sin ellos. Sánchez no puede seguir aferrado al poder y cada día que demora la asunción de esa certeza, crecen los problemas y se deteriora el ecosistema institucional. Urge convocar Elecciones Generales: le venga bien o mal a nadie, España lo necesita.

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