22 de agosto de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Juicio al Golpe: un acto de defensa de la España democrática

 

 

Lo menos edificante del juicio que hoy arranca en el Tribunal Supremo es la ausencia del principal cabecilla del Golpe constitucional: la fuga de Carles Puigdemont le quita al Estado de Derecho la posibilidad de enjuiciar al político más irresponsable y peligroso que ha alumbrado la democracia de su nacimiento. Y ha confinado en prisión preventiva a sus compañeros de asonada, por el riesgo de huida certificado por su líder.

Que el proceso comience con un presidente en Moncloa deudor de los golpistas y con éstos manteniendo el desafío, con distintos métodos pero idéntico objetivo y desprecio por la ley, atestigua la calidad de la democracia atacada, que tiene en la separación de poderes uno de sus pilares más definitorios.

Amén de una barrera a las tentaciones evidentes de Sánchez de aceptar el chantaje del soberanismo para proseguir en un puesto que debieron darle los votos pero se lo concedieron, a cambio de un precio inadmisible, los mismos partidos cuyos dirigentes se sientan hoy en el banquillo y alguno más como Bildu.

El peligro de Sánchez

De no estar activados la Justicia, el Congreso, el Senado y la propia sociedad civil, ¿alguien cree de verdad que Sánchez, el mismo que antes del asalto defendía aplicar un 155 más contundente y endurecer el delito de rebelión, no cedería lo que fuera con tal de sobrevivir?

Frente a quienes dicen que un problema político no puede responderse con una reacción judicial, cabe sostener lo contrario: un conflicto no puede dirimirse sin respeto a los procedimientos

El juicio a los golpistas no es un acto de venganza ni de represión, sino la consecuencia democrática de una barbaridad que ha dividido Cataluña, la a ha enfrentado con el resto de España y ha puesto a prueba la resistencia de una democracia joven frente a la de otros países de nuestro entorno.

Utilizar el Parlamento catalán para impulsar leyes ilegales, servirse de la Generalitat -cuya existencia misma deriva de la Constitución- para convocar referendos ilegales y cebar todas las herramientas civiles e institucionales -desde los Mossos hasta Omnium o la ANC- para endurecer el pulso merece una respuesta nítida que desde este martes comenzará a perfilarse.

La selva

Frente a quienes dicen que un problema político no puede responderse con una reacción judicial, cabe sostener justo lo contrario: un conflicto político no puede dirimirse sin el respeto a los procedimientos y las leyes, que definen la convivencia y la hacen viable en una sociedad necesariamente plural que sin reglas del juego se transforma en una selva.

Que el juicio termine con condenas por rebelión o sedición es menos relevante que su simple celebración. A juicio de muchos hubo violencia, pues ésta no necesita de muertos ni de disparos para ser evidente, pero lo que hubo y hay para todos los que respeten los hechos y valoren nuestra democracia es un Golpe nefando que exige una respuesta ejemplar.

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