21 de septiembre de 2019
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

El cinismo de Gerard Piqué y la hipocresía de Manuela Carmena

 

 

Madrid acogerá la Copa Davis, algo así como el Mundial de tenis que mide a los mejores jugadores en un torneo en el que, extrañamente, abandonan el proverbial carácter individual de este deporte para representar a sus países y lucir sus banderas nacionales.

Que el organizador sea Gerard Piqué y el anfitrión Manuela Carmena supone, por distintas razones en cada caso, una cruel ironía que les pone en evidencia a ambos de algún modo. Sin duda al jugador del FC Barcelona, defensor del referéndum ilegal del 1-O y uno de esos falsos equidistantes que, si bien no apoyan de manera clara la independencia, la blanquean al encontrar razones para entender el desafío anticonstitucional del procés en lugar de alinearse con el país al que pertenece y con el ordenamiento jurídico que regula la convivencia.

¿Hubiera aceptado Barcelona, o la propia Carmena, un proyecto así de Sergio Ramos?

Todo ese bagaje pesa menos en Piqué que el deseo de hacer un gran negocio en la capital de España, con el combinado nacional como local y una más que previsible identificación de la grada con los colores rojigualdas de la enseña española: todo atisbo de simpatía por el nacionalismo se ha diluido al calor del beneficio previsto y de la colaboración, que alguien deberá clarificar, prestada por las autoridades madrileñas.

 

 

No han sido ni la Generalitat ni el Ayuntamiento de Ada Colau quienes han apostado por la propuesta de Piqué, sino una región gobernada por el PP y el Ayuntamiento de la ciudad que simboliza la propia idea de España. A esas puertas ha llamado, cuando estaba en juego el bolsillo, un futbolista que no ha destacado precisamente por su cercanía a esos valores.

 

La emoción de Carmena también tiene un grado de hipocresía notable y obedece, muy probablemente, a la condición política presumible en el promotor de la Copa Davis madrileña. ¿Hubiera apostado tanto por el torneo de venir promovido por Sergio Ramos?

El único precedente conocido en la alcaldesa es el Open de Tenis de Madrid, que a duras penas sobrevivió a las críticas de su gobierno, en el inicio de la legislatura, pese a que contribuía tanto como la Davis a promocionar la capital.

Lo que Piqué intenta diluir para presentarse como un simple promotor, su idiosincrasia política; es sin embargo lo que más ha animado seguramente a Carmena a respaldarle. Un cínico que ha jugado por España sin sentirla y ahora hace negocio con ella; y una hipócrita que no valora el impacto en Madrid de este tipo de eventos, despreciados en otras ocasiones, sino la naturaleza y las amistades de su impulsor. Lamentables ambos.

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