El PSOE de Alicante trata de tapar sus “vías de agua” ante la llegada de Sánchez

Ángel Franco junto a Ximo Puig.

Ángel Franco junto a Ximo Puig.

Pedro Sánchez llega a Alicante este sábado con un PSOE local en clara contradicción. A gran parte de los militantes no les ha gustado “el caudillaje” ejercido desde Ferraz con las listas, sobre todo lo sucedido en el Senado y en la lista municipal, donde hubo ciertos retoques de última hora. Con todo, la militancia tiene la absoluta convicción de que es necesario movilizarse para que el acto del Paraninfo de la Universidad de Alicante sea todo un éxito y que nadie pueda sacar una impresión negativa de una agrupación local que se ha abierto en canal después de unas primarias duras no exenta de polémicas.

Si a ello se une las diferencias insalvables en el grupo municipal, con las concejalas Eva Montesinos, Gloria Vara y Rosana Arques a la gresca en redes sociales –legado del exlacalde Gabriel Echávarri- se completa un círculo viciado y peligroso, políticamente hablando, si se tiene en cuenta la importancia de Alicante para el PSOE, y sobre todo, para Ximo Puig, que junto al presidente del Gobierno se juega su futuro político en la cita electoral del 28 de abril.

El acto es el estreno para Paco Sanguino, el candidato “independiente” que ha colocado Puig para recuperar la alcaldía. El discípulo de Puig, “aire fresco” para una agrupación endogámica, debe demostrar que en realidad es ese cambio que predica el PSOE.

Pero el sábado seguro que solo va a haber buenas caras y parabienes. Quizás el exsenador Ángel Franco “agradezca” en el fondo a Puig que no le haya defendido en Ferraz cuando frenó su candidatura a la Cámara Alta. Igual se siente “traicionado” por el presidente, no en vano movió a sus bases para catapultar al triunfo absoluto a un Sanguino desconocido en el mundo de la política.

Los mal pensados sostienen que un resultado electoral cuestionable beneficiarían a Ángel Franco. Pero en realidad Franco saldría ganando si tanto Puig como Sanguino triunfan, porque en realidad, la apuesta del exsenador ha sido el jefe del Consell, y de regalo su discípulo, que puede auparse con la alcaldía con un equipo de concejales que también controla el propio Franco. Esto es como el juego: la banca siempre gana. Y una traición se paga con otra.

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