21 de enero de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

Mariano Rajoy gana las elecciones por una gran diferencia y ahora debe gobernar

Después de dos victorias no creo que algún partido pueda negarle su derecho a gobernar. Ver la cara de inmensa satisfacción de los populares en Génova muestra lo sabroso de su triunfo.

Ver andar a toda prisa a Rajoy la mañana del sábado de reflexión por los jardines de La Moncloa fue todo un mensaje. El paso acelerado del presidente, guiado por su perro Rico, era el poso de café apuntando al “A favor” con el que ha encarado el PP la campaña. Presagiaba buenas nuevas desde las urnas. Así ha sido. Los españoles, a la segunda, han reconocido más aún su trabajo. Los votos han sonreído a los populares. Ha ganado el PP con claridad. Sí, ha ganado las elecciones. Sobre eso, lo de ser la fuerza más votada, pocos albergaban dudas. Ni la “sondeocracia” (que tanto nos gusta a los españoles y que tanto nos confunde) tenía dudas en este sentido.  Pero, además, esos  137 diputados obtenidos se antojan una mayoría suficiente como para que Mariano Rajoy pueda continuar marcando el paso de España, lo que no es poco después de los cuatro años largos que ha tenido que vivir en su cargo.  Después de dos victorias no creo que ningún partido pueda negarle a Rajoy su derecho a gobernar.

Desde 1977, el presidente del Gobierno ha salido siempre de entre los diputados del partido más votado en las elecciones

Desde 1977, el presidente del Gobierno ha salido siempre de entre los diputados del partido más votado en las elecciones. Esto se truncó con el 20D, cuando el líder de la lista más votada ni siquiera pudo presentarse a la investidura por el veto de todos contra él. Ello condujo al fracaso que supone una repetición de elecciones. Pues bien, aunque los de Rajoy no hayan obtenido la mayoría absoluta del Congreso, su victoria (con el colchón de los 32 diputados de Albert Rivera) debería desaconsejar que un bloque de todas las izquierdas y de partidos independentistas de diferente pelaje se convierta en un torrente de negación que lleve a España a otra legislatura fallida.

De los 11 comicios generales celebrados (sin contar el de ayer y el del 20 de diciembre pasado), en seis de ellos el presidente del Gobierno que resultó elegido sólo había obtenido mayoría simple, la más exigua la de José María Aznar: 156 diputados en 1996. Es cierto que muchas cosas han cambiado en la política. Pero aunque algunos se inclinen (siempre que les interesa)  por defender el sistema representativo hasta extremos que rozan lo estrambótico, nadie entendería otro frente anti-PP para cambiar la voluntad de los españoles en las urnas, sobre todo después de la experiencia de estos últimos seis meses de fracaso político que ha soportado España.

Ver la cara de inmensa satisfacción de los populares en Génova 13 muestra lo sabroso que ha sido su triunfo. Han salvado el partido después de años muy duros para el centro derecha. Y estas últimas semanas de incertidumbre han sido especialmente amargas. Un pacto entre Rajoy y Rivera tendría que marcar el rumbo de los próximos años: un acuerdo que permita culminar el proceso de recuperación económica en España y aborde la modernización y regeneración de las instituciones y de la vida política española. Muchos expresábamos nuestras dudas ante la desmovilización para el centro derecha que suponía su división. El propio PP lo ha hecho estas semanas de campaña. Pablo Casado pedía este domingo no dividir el voto moderado mientras el hashtag #PPvotoUtil inundaba las redes sociales. Pues sí, esta vez el mensaje de Rajoy, “O yo o Podemos”, aplicado en las dosis justas, ha hecho que nadie escurriese el bulto para luego arrepentirse de lo dictado por las urnas.

Hay unanimidad a la hora de alabar la buena campaña que ha hecho el PP y que ha servido para romper la tendencia descendente que llevaba en los diferentes procesos electorales desde las europeas

A estas horas hay unanimidad a la hora de alabar la buena campaña que ha hecho el PP y que ha servido para romper la tendencia descendente que llevaba en los diferentes procesos electorales desde las elecciones europeas. Desde entonces, una parte de los españoles había pasado una enorme factura personal a Rajoy, culpándolo de la lejanía de los populares en los momentos más duros de la crisis. Sin embargo, han decidido que ya lo habían castigado bastante y era la hora de no seguir jugando con votos “a la contra” que al final machacan al ciudadano mismo, que soporta la inexperiencia y las “ocurrencias” de los que buscan “asaltar el cielo” sin haber siquiera logrado poner en orden sus ideas. En los españoles ha pesado mucho la acción económica del Gobierno del PP, claro: su garantía de estabilidad frente al salto por el acantilado, su moderación como contrapunto al radicalismo de quienes viven permanentemente pendientes de su ideología excluyente. Todo eso ha propulsado a Rajoy hasta el número “mágico” de diputados que debería disipar cualquier ocurrencia de los demás para alcanzar una investidura que no les permitiría gestionar el poder. Por este éxito hay que felicitar muy especialmente a Jorge Moragas y su equipo. 

Por otro lado, la izquierda, que ha vivido unas “primarias” como prolongación de su proceso de reconstrucción, no ha alcanzado el objetivo

Por otro lado, la izquierda, que ha vivido unas “primarias” como prolongación de su proceso de reconstrucción, no ha alcanzado el objetivo. Tantos años dando la espalda a políticas serias que buscaban sacar al país de la bancarrota donde lo había dejado el PSOE, años de demagogias y abrazos a populismos peculiares, no han dado resultado. Podemos y PSOE seguirán su guerra sin cuartel por el control de la izquierda. Pero el socialismo, desde anoche mismo, consolidó su posición. El socialismo debe jugar inteligentemente el papel que le han dado los ciudadanos en la oposición. Veremos si la lideresa andaluza, Susana Díaz, deberá guardar para mejor ocasión su billete de AVE a Madrid pese a que su partido haya cosechado otra derrota histórica y perdido 5 diputados más.   

 

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