09 de agosto de 2020
DIRECTOR ANTONIO MARTÍN BEAUMONT

La alocada propuesta fiscal de Podemos empobrece a España

Podemos renuncia a reformas estructurales y lo solventa todo asfixiando a impuestos a la ciudadanía para incrementar el gasto público de una Administración ya desproporcionada.

 

 

El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, ha presentado con innecesario boato y en un lugar equivocado, teniendo en cuenta su condición de parlamentario, la propuesta de Presupuestos Generales del Estado que su partido defiende frente a la del Gobierno.

De entrada, elegir el Círculo de Bellas Artes de Madrid para algo así ya denota la tendencia al espectáculo típica de la formación, ya agotadora para la opinión pública, y la confusión con respecto a la naturaleza real del partido: sigue pretendiendo parecer un agente ajeno al sistema, que hace política desde la calle y con la sociedad civil, pero en realidad forma parte de él, de sus instituciones y vive y se financia gracias al mismo.

Sobre el fondo de la cuestión, más allá de aspectos positivos como sus guiños a los autónomos (junto a las pymes, la empresa familiar y el pequeño comercio los grandes olvidados de la crisis) y la renuncia a ideas folclóricas e insostenibles como una renta universal elevada; la propuesta de Podemos es contraproducente, nada original e insolvente.

Porque básicamente defiende elevar el gasto público, una locura en un país lastrado por la deuda, el déficit y el escandaloso sobredimensionamiento de una Administración voraz; creando un catálogo de grandilocuentes nuevos impuestos que al final siempre acaban afectando a las clases medias y los ahorradores.

Palo fiscal

Ingresar al menos 11.500 millones de euros más, por mucho que se intente hacer recaer en las "grandes fortunas" o "la banca", sólo puede hacerse sobre las rentas del trabajo y el consumidor, que es a quien finalmente se terminaría incrementando la presión fiscal -ya abrumadora- de manera directa -con el IRPF, el patrimonio o el ahorro- o indirecta -haciéndole abonar en comisiones de toda laya lo mismo que le pida a las entidades bancarias-.

 

Podemos propone ideas conservadoras y muy propias del sistema, aunque se presente como portavoz de la calle

 

España necesita una reforma intensa del sistema impositivo y, sobre todo, de la estructura del gasto público, que nadie se atreve a hacer. Y buena prueba de ello es que, desde el propio Gobierno, se considera más prioritario subir el sueldo a los funcionarios o incrementar las plazas en el sector público, asfixiando el crédito y aumentando la mastodóntica Administración, que dinamizar la economía desde el mundo empresarial, que es el único con capacidad de hacer prosperar a un país.

Que en ese contexto Podemos proponga redoblar lo que ya se hace mal, sirviéndose de mantras caducos sobre ricos y pobres, le convierte precisamente en el mayor emblema de todo lo que dice repudiar: porque ese sistema ya es el vigente en España desde hace años y lo último que se necesita es un partido que, mientras dice querer cambiarlo, en realidad lo refuerza y duplica.

 No se defiende 'lo público' aumentando las plantillas y el coste de las estructuras, sino haciéndolas sostenibles y eficaces, evitando duplicidades y prohibiendo que, en el viaje de defender los servicios, se dediquen sus presupuestos antes a las estructuras de cada uno de ellos que a los usuarios que las mantienen.

¿Más impuestos?

Y no se garantiza la viabilidad financiera de un país metiéndole más la mano en el bolsillo a sus ciudadanos ni a sus empresas, sino dejando que sean éstos quienes desarrollen libremente, con las menores cortapisas posibles, su talento y capacidad.

Pretender a estas alturas aumentar los impuestos, desde la falsa idea de que la presión es baja en España con respecto al resto de Europa (se confunde la menor recaudación con la menor fiscalidad), es una temeridad conservadora que extiende el veto a una reforma valiente, conceptual y económica, de las prioridades del país. Que no son, desde luego, las que identifica Podemos.

 

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