Parricidio en Godella: Ni servicios, ni sociales

El juez ha tomado declaración y ha enviado al padre a prisión, mientras la madre permanece en una unidad hospitalaria de psiquiatría.

Tú ves las imágenes de aquella cochambre pintarrajeada y medio derruida, sin ventanas ni puertas y no tienes dudas. Eso no puede ser una casa, menos una vivienda, por muy okupada que sean quienes la habitan. Si la policía local de Godella y Rocafort acude al lugar de autos, y no se entera de la calamitosa situación en que se encuentra la familia que la habita, es porque esos agentes no tienen ojos en la cara. Sólo desde el desconocimiento, el despiste o la apatía pueden esos policías despachar el asunto diciendo en su informe que “tanto los progenitores como los menores estaban bien”, añadiendo por toda explicación tangencial, que “se trataba de un conflicto relacional con la familia extensa”. El conflicto, según estos torpes sabuesos, lo protagoniza una abuela que, intuitiva y/o preocupada por lo que sabe está pasando, quiere sacar a sus nietos de ese círculo infernal que se abre y cierre con la droga y los delirios. Enfermedad que termina adueñándose de vidas y mentes.

El juez ha tomado declaración y ha enviado al padre a prisión, mientras la madre permanece en una unidad hospitalaria de psiquiatría. Yo del juez – ¿y por qué no la Fiscalía de Menores? – abriría diligencias e interrogaría a los policías que tan torpes estuvieron en la comprobación de los hechos. Y pediría un informe médico que dictaminase si esos policías padecen o no anosmia, esa enfermedad que impide distinguir los olores. O la sufren, o estaban además de ciegos, o con un resfriado brutal. Porque oler, lo que se dice apestar, siendo tanta la hediondez reinante en aquel antro de miseria y desolación, se notaba incluso a través de la pequeña pantalla.

Y tomaría declaración a los responsables de los servicios sociales, municipales y autonómicos, para que todos supiésemos en qué y cómo han fallado tan estrepitosamente aquellos que anunciaban que venían a rescatar a las personas, pero que, en este desgraciado caso, las dejaron indefensas ante la peor suerte que rondaba a esa pareja. Una pareja que en mala hora tuvo hijos. Y en peor y macabra hora los mató.

“Estaban bien”, decía el infame informe. Bien muertos.

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