Subvenciona que algo queda

Si vas a hacer ‘cine de autor’ (traducido: cine que no vi nadie), te darán subvención. En cambio, si eres un emprendedor autónomo, te fastidias

No sé si usted sabe que España es el país de Europa donde más gente cree que el Estado debe solucionar sus problemas como por ejemplo buscarle un empleo. Sí, como lo oyen. Ni los países nórdicos donde el Estado se lleva la mitad de tus ingresos ni leches. España.

 

Por eso, no sé a qué viene tanto revuelo con las palabras del actor-director Eduardo Casanova -el niño repelente de Aída para los no entendidos en cine- pidiendo una y otra vez “dinero público” para sus películas mientras paseaba con un traje de mil euros sobre la alfombra de los Goya. Simplemente verbalizaba lo que muchos españoles quieren, aspiran o desean: vivir de la subvención pública.  

Eduardo Casanova ya recibió un millón de euros para su ‘cine de autor’ que no ve ni Krusty, pero ya saben, “es cultura antifascista” y él necesita más dinero. Público por supuesto, que el privado cuesta más ganarlo. Como Almodóvar, que hizo la misma petición, porque como todos saben tiene dificultades para llegar a fin de mes.

En España es más fácil lograr una subvención para un chiringuito progre que una ayuda para emprendedores. Y esto ha llegado al surrealismo, como cuando varios medios de izquierda publicaron a modo de escándalo que la nueva Junta de Andalucía quitaba la subvención a 241 asociaciones feministas en Andalucía. ¡241 asociaciones feministas sólo en Andalucía!

En seguida la reacción fue la contraria a la esperada por esos medios: la gente contestaba apoyando esa medida porque, como usted habrá pensado, ¿para qué puñetas hace falta pagar 241 asociaciones feministas? Más otras 71, ojo, que sí han recibido subvención. Esto olía a chiringuito, a red clientelar, que al final es lo que el gobierno de turno pretende conseguir regalando dinero público a diestro y siniestro.

Es que nada mejor que una subvención, especialmente concedida a dedo, para premiar a los amiguetes y seguir perpetuando esa cultura tan española de depender del Estado. Que se lo digan a las asociaciones catalanistas que desde las instituciones valencianas riegan de euros, hasta tal punto de que dichas asociaciones no saben ni cómo justificar ese dinero, como le ha pasado a Ca Revolta, obligada a devolver 10.000 euros que le dio su amigo Ribó.

Mira que es fácil justificar una subvención, hoy en día basta con decir que tienes ecoansiedad o que vas a luchar contra el heteropatriarcado para que te concedan una, pero algunos están tan acostumbrados a vivir del favor público que ni saben cómo explicar el dinero que reciben y gastan.

Si leen el currículum de muchos de nuestros políticos actuales, especialmente de la nueva hornada de la izquierda podemita, compromisera y demás, descubres como algunos son expertos en vivir de la subvención.

Ningún trabajo conocido salvo el de ‘activista de’, y como todos saben, ninguna empresa te contrata de ‘activista’. Los avanzados siempre han sido los sindicatos de clase, CCOO y UGT, que total, como la gente ya sabe lo que hay, les da igual decir que una de las razones por las que hicieron furibunda campaña para que PSOE y Podemos acordaran un gobierno es que dicho acuerdo llevaba implícito 40 millones más para sus arcas.

Si vas a hacer ‘cine de autor’ (traducido: cine que no vi nadie), te darán subvención. Si vas a montar un observatorio de género para denunciar que la depilación oprime a las mujeres, te darán subvención. Si vas a crear un grupo de apoyo para quinceañeros deprimidos porque el capitalismo va a acabar con los bosques del mundo, te darán subvención.

Ahora bien, si eres un emprendedor autónomo que no puede contratar trabajadores para expandir su negocio porque cuesta mucho en gastos a la seguridad social y necesitas ayudas y exenciones fiscales, entonces te fastidias porque el Estado no está para pagar que seas un explotador. Esto no lo digo yo, lo dijo literalmente Eduardo Garzón, hermano del ahora ministro Alberto y uno de los gurús económicos de la izquierda patria.

Así funciona el Estado en España. El Estado de la subvención. Situación de la que todos somos culpables, unos por fomentarlo por interés (ay el voto cautivo de la subvención), otros por comodidad de vivir de ello, otros por mirar para otro lado y pensar que no les incumbe, y otros porque cuando lo critican lo único que buscan es cambiar un chiringuito subvencionado por otro (de nada sirve que Vox critique subvencionar a determinados lobbys ideológicos mientras pide a su vez subvencionar la caza, volvemos a lo mismo).

Siempre nos quedará la esperanza de que cada vez hay más voces que claman por la cultura del emprendimiento, pese a que algunas de ellas están irónicamente también subvencionadas por lo público como el alto comisionado que ha creado Sánchez para ello.

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