La ciudad no es para mí. Las listas se cuelan

Eusebio Monzó

Eusebio Monzó

Las anticipadas -podríamos llamarlas listillas- han sido las generales y parásitas de ellas, nuestras autonómicas.

Esa inveterada costumbre, tan española, del espabilao que se las ingenia para estar donde no le han invitado, o simplemente en adelantar su turno en una espera, se hace esta vez –con las listas- por imperativo legal. Como gustan decir al tomar posesión y firmar nómina, los enemigos de la España cuya mano andan permanentemente mordiendo. Dicho sea de paso.

Las listas municipales – se entenderá que no es el caso ver aquí cuestión de género- salen ahora que es cuando toca, según un calendario que afortunadamente no puede manejar a su antojo un alcalde. Que yo sepa. Y que van con las europeas, como para equilibrar territorios, por lo que los resultados suelen ser variopintos al compararlos dentro del mismo municipio.

Las anticipadas -podríamos llamarlas listillas- han sido las generales y parásitas de ellas, nuestras autonómicas.

Sea como fuere, apenas empezada la campaña se cuelan las listas completas –los cabecillas (que nadie se ofenda) ya fueron- con la esperanza en la pedrea de quienes no tuvieron gracia con el gordo.

Exclusiones en bloque, o pretransfuguismos colectivos, lo más cool es el fichaje de independientes –si es que queda alguno tan cándido- en puestos de salida, y de pesos pesados, con carácter simbólico, cerrando la lista (ay si se votara en cualquier orden …)

A la habitual concurrencia de maestros y profesores, de letrados y otros profesionales liberales, a la ya no excepcional de magistrados excedentes o jubilados, a la infrecuente de intelectuales por libre, artistas de distinto género y activistas varios, se suman ahora empresarios, comerciantes, presidentes de asociaciones culturales o lúdicas. Y militares de alta graduación.

María José Catalá ha reclutado para su grupo ganador a Enric Esteve, presidente de lo Rat Penat, lo que no es sorpresa (recuérdese que su vicepresidente, José Vicente Navarro, ocupa silla en el CVC a propuesta del PP). Sería exagerado decir que entra el mundo fallero con Santiago Ballester, pero su prestigio y autoridad en el mismo no es cuestionable. Otros nombres, incluido el de González Lizondo, tienen perfil más complejo.

Yo valoro muy positivamente la entrada de personas diversas, que saben lo que vale un peine, esforzadas en lo suyo y de éxito acreditado, mientras me duelen las exclusiones injustas, por el momento, o pendientes de mayor justificación. La entrega del grupo popular durante toda una legislatura de castigo –no es la primera vez que lo recuerdo- ha sido más ejemplar que correspondida. Hasta el last minute se ha esperado para no poder incluir finalmente a Monzó. Sin Novo se pierde mucho en materia urbanística y en la propia gestión de los principales servicios urbanos. Para mí que Catalá lo sabe.

García, más que conocido –reconocido- empresario hostelero del carrer Josep Benlliure, hace rato que aceptó propuesta socialista. Y mucho rato metido en política sin desatender su productividad. Menos sé de Rocío Gil, aparte de haberme deslumbrado en su ejercicio de fallera mayor. Mutatis mutandis, con lo antedicho: el mundo fallero y Cs.

También se han colado los jueces, esta vez -rara vez- en asunto feo para el PSPV, que por cierto, obliga a movimientos cualitativos de listas en Ontynient. Pero he agotado la columna como Cayetana sus tiempos en el mateodebate. Si acaso queda para otra vez.

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